domingo, 28 de diciembre de 2008

"Yo serví al rey de Inglaterra" (Jiri Menzel, Chequia 2007)

"Estupendo film coproducido entre la República Checa y Eslovaquia, que conjuga brillantemente la comedia con el drama histórico y social de una etapa de la vida de Checoslovaquia, desde antes de la II Guerra Mundial hasta años después."




El Cine-Club Fetiche se complace en presentarles una película de Jiri Menzel. El martes 30 de diciembre a las 21h en los Multicines Benavente.
Ficha Técnica y artística

Dirección: Jiri Menzel
País: República Checa
Año: 2007
Duración: 118 min.
Género: Comedia romántica
Guión: Jiri Menzel
Producción: Rudolf Biermann
Música: Aleš Březina
Fotografía: Jaromír Šofr
Montaje: Jiří Brožek
Vestuario: Milan Čorba
Fecha Estreno: 11-01-2007
Estreno en España:18-07-2008
Reparto: Ivan Barnev (Jan Dítě, joven), Oldřich Kaiser (Jan Dítě, viejo), Julia Jentsch (Lisa), Martin Huba (Skřivánek), Marián Labuda (Walden), Milan Lasica (profesor), Josef Abrhám (Brandejs), Jiří Lábus (director del hotel), Jaromír Dul


SINOPSIS:
Jan Dítě (Ivan Barnev) es bajito, pero muy ambicioso. Hablando en plata, el joven camarero provinciano quiere convertirse en millonario. Y sabe exactamente cómo conseguirlo: escuchándolo todo, observándolo todo, y utilizando todo lo que ha escuchado y observado. Con esa convicción y un deseo irrefrenable de complacer a todo el mundo, pronto abandona su primer empleo, en un pub, por un burdel de lujo y, finalmente, por un elegante restaurante Art Nouveau de Praga. Pero ahora ha llegado el final de la década de 1930, y las cosas están cambiando: Hitler ha ocupado Sudetenland y está dividiendo Checoslovaquia. Jan se enamora de Lisa (Julia Jentsch), una alemana de los Sudetes orgullosa de su sangre aria. Se casan y, cuando Lisa regresa del frente, lo hace con una fortuna en sellos singulares que los judíos "dejaron atrás". Jan vende los sellos y se convierte en millonario. Sin embargo, sólo puede disfrutar de su fortuna durante tres años: el nuevo régimen comunista lo encarcela durante 15 años, uno por cada uno de sus millones... A su salida de la cárcel, Jan es enviado a vivir a una decrépita ciudad fronteriza que fue abandonada por los alemanes. Allí dispone finalmente de tiempo para pensar sobre los acontecimientos que conformaron su vida, y para reflexionar sobre lo que podría haber pasado si él hubiera desempeñado un papel distinto en dichos acontecimientos.

Crítica
No hay nada mejor que el humor para revisar la historia de un país. Ahí tenemos ejemplos como los de Berlanga -"Bienvenido Mr. Marshall" como botón de muestra de su ácida crónica social de la realidad española- o los de "El Tambor de Hojalata" de Schlöndorff o "La vida es Bella" de Benigni: no solo no se resta rigor a los acontecimientos si se ironizan, sino que quizás se comprendan mucho mejor. El actor y cineasta checo Menzel con su mordaz y originalísimo sentido del humor realiza una de las más inteligentes crónicas sobre centroeuropa que hayamos visto en años, a través de un bajito camarero que sobrevive como puede a principios del siglo XX en Praga, y que sueña con hacerse millonario, oportunidad que aparece cuando los nazis conquistan toda Europa, y él se enamora con una alemana de pura raza aria, que tras la Segunda Guerra Mundial le da una insólita colección de sellos que lo convierten en un potentado empresario y dueño de un lujoso hotel. El delirante tono de comedia a veces se rompe con algunos momentos de gran dramatismo, pero esos pequeños puntos negros no pueden empañar un divertidísimo discurso que logra encandilar al espectador de principio a fin, con imaginativas secuencias visuales -apoyadas por unos impecables efectos- y con un impagable protagonista, el búlgaro Ivan Barnev, que da vida al enérgico, diminuto y rubio camarero que ansía en convertirse en el mejor en el gremio de la hostelería. No obstante, a pesar de la aparente "ligereza" con que pueda mirarse este film de evidente clave humorística, debajo existe una muy lúcida reflexión sobre la sociedad contemporánea, enjuiciando certeramente los regímenes capitalistas y comunistas, sopesando todos y cada uno de los aciertos y los errores de los gobiernos. Ambición y esperanza, recuerdos e ilusiones, todo se conjuga en esta cinta que fue una de las grandes ganadoras en la pasada edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

El director habla de su película

‘Yo serví al Rey de Inglaterra’ es uno de los mejores libros de Bohumil Hrabal. Relata la historia de un ‘pequeño’ camarero checo (se trata de hecho de un hombre de baja estatura) en la Checoslovaquia del s. XX, partiendo de los años de entreguerras y finalizando en la década de 1960. Por boca del propio autor podemos saber que la novela fue escrita en un lapso de tiempo muy corto como reacción espontánea a la presión constante, tanto emocional como social, bajo la que el escritor se vio obligado a vivir durante el periodo de ‘normalización’ (es decir, los años posteriores a 1968) en el que no se le permitía publicar sus obras.Hrabal inunda su larga novela con una vasta cantidad de situaciones, escenas, historias y anécdotas a través de las que va guiando a su héroe. Para la creación de un guión cinematográfico a partir de una narrativa tan extensa, fue necesario realizar una cuidada selección con los elementos más interesantes e imprescindibles, de forma que el largometraje contara con un argumento claro y fuera accesible e inteligible, incluso para los espectadores no familiarizados con la novela. El guión se centra en dos historias paralelas. La primera sigue las andanzas juveniles y el gradual desarrollo de un ambicioso hombre de baja estatura antes de la Guerra y durante la ocupación alemana cuando, enamorado y guiado por la estupidez más que por el oportunismo, se encuentra del lado del poder ocupante.La segunda historia, entrelazada con la primera, hace únicamente referencia a un breve periodo de su vida posterior cuando, tras años en prisión, busca la paz y la soledad en una localidad alemana abandonada cuyos habitantes fueron expulsados tras la guerra.Su paz se ve únicamente perturbada brevemente por la llegada de una joven de clase obrera. Su juventud y vitalidad le traen recuerdos de sus aventuras amorosas de cuando era joven.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Yo serví al rey de Inglaterra - Tráiler español. El martes 30 de diciembre, a las 21h en los Multicines Benavente

"Yo serví al Rey de Inglaterra", la nueva cinta de Jiri Menzel

El director checo Jiri Menzel, ganador de un Oscar en 1967 por sus "Trenes rigurosamente vigilados", regresa a la comedia con "Yo serví al Rey de Inglaterra", el relato de un bajito camarero con ambiciones millonarias que le sirve para proyectar una nueva mirada nostálgica hacia la Europa de los años 30.

Basada en una novela de Bohumil Hrabal, el protagonista de la película es un pequeño camarero checo (interpretado primero por Ivan Barnev y tras la Segunda Guerra Mundial por Oldrich Kaiser) que quiere ser millonario y, tras trabajar en un lujoso burdel y un elegante restaurante, se casa con una alemana. Su sueño se cumplirá aunque por poco tiempo, pues sufre la cárcel comunista y empieza, entonces, a reflexionar sobre lo que pudo haber hecho y no hizo.

"Yo soy el rey" recibió el premio a Mejor Película en el Festival de Cine de Peñíscola y la crítica no ha tardado en calificarla como uno de los mejores estrenos de este año.

domingo, 30 de noviembre de 2008

"Vicky, Cristina, Barcelona" (Woody Allen, 2008) el martes 2 de diciembre en los Multicines Benavente

¿Quién es Woody Allen?





Allan Stewart Konigsberg, Woody Allen desde ahora mismo, no ha rodado ninguna película como Persona (Persona, 1966) de Ingmar Bergman, Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941) de Orson Welles, El acorazado Potemkin (Bronenosets Potyomkin, 1925) de Sergei M. Einsenstein o Ladrón de Bicicletas (Ladri di biciclette, 1948) de Vittorio de Sica.
El año que Bergman estrenó Persona, en 1966, Woody Allen compró una película de serie B japonesa de Senkichi Taniguchi llamada “Kagi No Kagi”, hecha en Japón por japoneses, llena de matanzas, saqueos, violaciones… Woody Allen revienta todas las voces y rehace la banda sonora; el resultado es una película donde la gente se mata, hace numeritos a lo James Bond, pero lo que dicen no tiene nada que ver con lo que hacen. Esa película se acabó titulando What´s up, Tiger Lily? (Lily la tigresa, 1966). Con lo que nos encontramos es con una gamberrada cinematográfica. El propio Woody Allen aparece al final de la película en los títulos de crédito comiéndose una manzana indolentemente mientras una señorita se va desnudando poco a poco.
Nadie diría entonces que era una película sueca lo que Woody Allen quería hacer. Y si quería eso empezó, ciertamente, por el sitio más inopinado. Nadie duda ahora que eso es precisamente lo que quiere hacer. Sabe, y lo ha dicho en más de una ocasión, que Bergman, Welles, Sica, Wilder, y otros grandes genios de la historia del cine han pasado precisamente a ella por unas cuantas películas. No por toda su filmografía. Una película genial engrandece, da luz a toda la obra de un director. Tras esa película va Woody Allen, ya que su filmografía –extensísima- es de una calidad innegable. Ha dirigido 38 largometrajes hasta el momento. Eso hace casi una película al año desde hace mas de cuarenta. Pero eso no es lo excepcional. Lo excepcional es el rígido control que ha poseído sobre todas sus producciones. Solamente Ford, Hitchcock y Chaplin tienen una filmografía y una responsabilidad sobre ella comparable (en la época de los grandes estudios solo cuatro directores tenían derecho al “final cut”: Wyler, Stevens, Ford y Capra). Si los cahieristas tuviesen que pronunciarse deberían ir reservando una plaza dónde dedicarle una estatua ecuestre. Es el autor por excelencia. Pero tampoco hace lo que quiere; Rueda Interiores (1978), después del éxito de Annie Hall (1977), estrena Septiembre (1987) después de que el público y la crítica acogiesen estupendamente a Hanna y sus hermanas (1986) y a Días de radio (1986). En definitiva hay cosas que se pueden hacer y cosas que no. Y Woody Allen lo sabe. No se puede perder dinero en tres películas seguidas. Por si acaso hace producciones baratas comparándolas con la media de las películas americanas. Eso lo saben sus actores y sus técnicos a los que se les paga menos de lo que se les pagaría en otras producciones que no fuesen de Woody Allen. Aún así trabajan con él porque todos saben el prestigio que ganan al aparecer en una obra del cineasta más europeo de todos los cineastas americanos.
Le falta la guinda del pastel, la obra maestra. Y, a veces, duda de que la consiga, no está muy seguro de su propio talento. Es el único. El público no sabrá con qué se va a encontrar al asistir a la proyección de la siguiente película de Woody Allen, pero de lo que está seguro es que en ella encontrará talento.
Si se nos permitiese hacer alguna previsión –y eso que no se deben hacer previsiones, y menos sobre el futuro- diríamos que en el caso de que llegue esa obra maestra no será una comedia y por tanto en ella no actuará Woody Allen. Y es una lástima. Porque está especialmente dotado para el humor. Será algo del estilo de las citadas Interiores y Septiembre, o las maravillosas Otra mujer (1988) y Match Point (2005). Lo intentará con un drama. O con un híbrido, un fantástico híbrido como Delitos y faltas (1989), el claro precursor de la producción del 2005. Ya nos avisó en Melinda y Melinda (2004) de que la esencia de la realidad es básicamente trágica y por tanto las palabras de los dramas resuenan con más intensidad en el alma humana. Además, a las comedias -salvo que seas el mejor Lubitsch, el mejor Wilder, el mejor Cukor y puedas recuperar, asimismo, a Cary Grant- les cuesta pasar (por encima del cadáver de los críticos) de un mero divertimento extraordinario a la categoría de genial obra de arte.
Mientras llega esa película debemos seguir disfrutando anualmente de la pulcra ironía de uno de los directores más comprometido con el cine, y con el poder del cine para reflejar y construir la realidad, de los últimos 40 años.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Persépolis,

Persépolis (novela gráfica)
Persépolis es el título de una novela gráfica en blanco y negro escrita e ilustrada en forma autobiográfica por Marjane Satrapi (Rash, Irán, 1969). Consta de cuatro tomos, aunque también se publica un volumen integral que contiene los cuatro libros.
Persépolis narra la vida de la iraní Marjane Satrapi desde su infancia en Teherán, donde vivirá una guerra que acabará haciendo que sus padres la saquen del país. El cómic empieza en 1979, cuando Marjane Satrapi tiene tan sólo nueve años y comienza a sufrir las consecuencias de la Revolución islámica. Será testigo entonces del cambio social y político que pone fin al reinado del sha en Irán y da paso a una república. Marjane Satrapi intentará comprender el mundo que la rodea y es aquí donde comprobaremos la influencia de sus padres, una familia de clase alta y de ideología progresista, su considerable inquietud intelectual y su gran imaginación. Marjane conocerá la historia de algunos de sus familiares, estrechamente relacionados con los sucesos que se desarrollan en el país. El primer libro termina con el estallido de la guerra entre Irán e Iraq.
En el segundo tomo, la situación es cada vez más difícil. Muchos conocidos de la familia son torturados o asesinados, y los padres de Marjane deciden enviar a su hija al Liceo francés en Austria. El libro termina con una Marjane de catorce años despidiéndose de sus padres y su abuela en el aeropuerto.
El tercer libro nos cuenta las vivencias de Marjane Satrapi en Austria, cómo tiene que adaptarse a un "mundo nuevo", sus primeras relaciones sentimentales y los prejuicios y el desconocimiento que tienen sus compañeros hacia su cultura y su país.
En el cuarto y último libro, Marjane vuelve a su país de origen después de cuatro años viviendo en Viena. Aquí es cuando descubre el rechazo que causa entre sus antiguas amistades por sus vivencias en Occidente. Más tarde vemos como encuentra su lugar allí, realiza sus estudios y consigue encontrar un grupo de gente más acorde con su estilo de vida. El libro termina con la decisión Marjane Satrapi de dejar de nuevo su país de origen y emigrar a Francia.





Entrevista a la autora del comic





Guía del Cómic: ¿Cómo has ordenado tu vida y los acontecimientos políticos en los cuatro volúmenes de Persépolis?
Marjane Satrapi: El primero es sobre la revolución y el comienzo de la guerra, así que es hasta 1979-1980. El segundo habla sobre la guerra, así que es el periodo de 1980 a 1984. El tercero es sobre el exilio y la emigración, así que es el periodo que vivi en Austria, entre el 84 y el 89. Y el cuarto es sobre mi vuelta a Irán donde curse estudios de arte, como me casé, como me divorcié... En el momento no me percate pero, tras escribirlo, me di cuenta de que la conciencia política en un país crece exactamente igual que un niño. Primero echaba la culpa a Occidente. Con el tiempo me di cuenta de que somos muy responsables de nuestro propio destino histórico.
GdC: Persépolis se organiza en capítulos: ¿escribes cada episodio por separado?, ¿cuánto tardas en dibujarlos?
MS: Ya que la historia es muy complicada por si misma, en lugar de hacer una historia completa en la que el lector se perdería con todos esos nombres de personajes y lugares, la hice y la escribí en capítulos diferentes para que así fuera mucho más fácil de comprender.
GdC: ¿Cómo entraste en contacto con L’Assotiation en Francia?
MS: Antes de hacerlo trabaje durante tres años, envié el proyecto de Persépolis a diferentes editores y me rechazaron 186 veces. Estaba acostumbrada a que se negaran. Así que acabe el proyecto y me dije: "da igual si nadie lo quiere, haré los cuatro tomos, los fotocopiaré y se los daré a mis amigos y así quizás cuando muera me recordarán". Entonces conocí a alguien de L’Assotiation, David B, le di el proyecto y él me dijo: "OK". Nadie creía que el proyecto iba a funcionar, yo la última. Pensaba que quizás 300 o 400 de mis amantes del tercer mundo comprarían el tebeo y ahí se acabaría la cosa. Pero de repente comenzaron escribir buenas críticas y así funcionó. Persépolis Marjane Satrapi Norma, 76 paginas, bn , 14.00 €.
Curiosidad es la palabra que mejor puede reflejar el sentimiento del lector cuando se enfrenta ante una obra con los antecedentes de ésta: una autora (algo por desgracia muy poco frecuente en el mundo del tebeo), de nacionalidad iraní (¿alguien me podría decir un solo autor de esa nacionalidad, o ya puestos, árabe?) que se atreve con un tebeo autobiográfico sobre la difícil época de la revolución islámica en Irán. Y que, para colmo, ha sido uno de los grandes éxitos de ventas de L’Association en Francia.
A priori, el interés no puede ser mayor, aunque sea por causas ajenas al propio tebeo y con una componente más que morbosa, pero que nadie se equivoque. Ya desde la primera página, Marjane Satrapi nos demuestra que todos estos aspectos son absolutamente secundarios ante la realidad: que estamos ante un excelente tebeo.
Satrapi cuenta los momentos que acontecieron al golpe de estado que derrocó la dictadura del Sha e implantó una república islámica desde la perspectiva de una niña, ella misma, que se ve absolutamente desbordada, deambulando sin comprender qué es lo que ocurre, intentando entender con su mentalidad infantil lo que ni siquiera los mayores podían explicar. La elección de la autora es arriesgada: la compleja situación que se narra podía derivar muy fácilmente en un análisis superficial o incluso en la ñoñería. Sin embargo, no pudo ser una decisión más correcta: es precisamente el hecho de que sea una niña la que nos cuenta sus impresiones lo que mejor define la situación que se vivía en Irán. El pueblo iraní, al igual que la pequeña Marjane, era como un niño que sometido a años y años de dictadura tenía que madurar violenta y súbitamente. En los dos volúmenes publicados por Norma hemos podido comprobar como pocas veces hemos leído una narración tan sincera. Satrapi logra en Persépolis unir la dureza casi documental de las obras de Sacco con la sinceridad desgarradora de La ascensión del gran mal de David B, autor que, por cierto, influye espectacularmente en su tratamiento gráfico.
En el apartado gráfico, una primera impresión no pensada nos indicaría que Satrapi sencillamente sigue el estilo de David B de forma casi clónica, pero si nos fijamos un poco, veremos que hay muchos, muchísimos detalles que entroncan claramente con la tradición de ilustraciones persas. Pequeños dibujos a modo de mosaico, figuras estilizadas, son detalles que van jalonando cada página y que nos recuerdan en todo momento el origen de la autora.
En resumen, una obra muy recomendable.

Persépolis, el martes 25 de noviembre

lunes, 17 de noviembre de 2008

"CAMINO" el martes 18 a las 21h en los Multicines Benavente

ELVIRA LINDO OPINIÓN

Es probable que Dios no exista

El eslogan ha empezado a viajar en los laterales de los autobuses londinenses: “Es probable que Dios no exista. Ahora, deja de preocuparte y disfruta de la vida”. La idea se le ocurrió a la escritora Ariane Sherine como manera de contrarrestar los mensajes amenazantes, de infierno y maldiciones, con que la Iglesia suele calentar los oídos a los no creyentes. Diversas asociaciones que defienden la idea de un país laico se aplicaron a la tarea de recaudar dinero para la campaña, y ahora les sobra para empezar a exportarla a otras ciudades británicas.
Lo que me divierte del asunto es la fineza del mensaje y la falta de agresividad que encierra. Muy inglés. Habría que estudiar cuál es la razón por la cual los ingleses transforman su antológica frialdad de trato en un gran sentido de la ironía en todo cuanto escriben, y los españoles pasamos de esa simpatía con la que adornamos la vida diaria a la gran mala follá en cuanto nos ponemos a expresarnos por escrito, algo que hemos convertido en cualidad vernácula. Entre nuestras cualidades no está la de distinguir entre sentido del humor y mala hostia. Incluso la Iglesia británica ha dado muestras de buen talante; enterada de que Richard Dawkins, el autor de El espejismo de Dios, había sido una de las personas que más dinero había aportado a la campaña, contestó a través de su portavoz de la manera más elegante posible: “Nos alegramos del interés continuado que el señor Dawkins muestra por Dios; eso anima el debate”, añadiendo que “a los creyentes no nos preocupa el hecho de disfrutar o no de la vida. Muy al contrario, nuestra fe nos libera para poder ver esta vida desde la perspectiva apropiada”. Que Dios me perdone, pero no podría imaginarme un debate en estos términos en España. A la Iglesia española le han salido en los últimos tiempos portavoces voluntarios más papistas que el Papa, y hay medios de comunicación que distraen al espectador a diario con imágenes de supuestos fetos de seis meses triturados y palabras como genocidio o tortura guantanamesca. Mal le irá a la Iglesia si su forma de atraer a posibles fieles es llamando asesina de fetos o de embriones a la mitad de la población.
Bien podrían aprender del historiador británico Fernández-Armesto, que, aun siendo creyente, criticaba, en un artículo publicado recientemente en El Mundo, la inclusión, por parte de la inefable Palin, del aborto como asunto electoral, porque a su juicio distorsionaba el debate político. Señalaba también el historiador que una de las cualidades de la cultura española que más le atraían era la capacidad de hablar de cualquier asunto, por polémico que sea, en una cena, algo imposible, decía, en la cultura anglosajona. Ay, no sabe el profesor cuántos amigos se pierden aquí a los postres por decir, ni más ni menos, lo que uno piensa. Aunque a lo mejor hay que mirarlo de otra manera: si los amigos se pierden por eso, no serían tan amigos. Pero, en fin, no sólo la Iglesia española se muestra agria en sus debates, también los ateos tienden a expresarse aquí con aspereza, con ese me cago en Dios y esa incapacidad para entender que detrás de un creyente no tiene por qué haber un facha redomado.
Lejos de los tópicos, ese hombre afable que es Javier Fesser ha llevado al cine una historia conmovedora basada en la vida de la niña Alexia, que padeció un cáncer extremadamente cruel y a punto está de ser beatificada. En estos días oscuros de invierno repentino, la cara de Nerea, la actriz que interpreta Camino, me sorprende en cada esquina de la ciudad. Desde que he visto la película, le digo a Fesser, ese rostro me impresiona más, no sólo por la emoción de la historia, sino por la empatía que provoca esa niña de once años que es tan actriz como una de sesenta. Un hallazgo. Fesser me habla de ella con pasión. De ella y de todo, de ese mundo que lleva años investigando, el de la fe que mueve más que montañas, la fe de una madre que es capaz de entregar el calvario de su hija al Señor, reprimiendo su dolor materno, y tratando de que la niña viva el final de su vida con la alegría de ser la víctima elegida por Dios.
Tremendo. Fesser ha elegido un mundo que existe, pero del que casi no se habla, y menos en el cine español, el de los fanatismos religiosos; pero no lo hace toscamente, sino dejando que sean los mismos personajes quienes se retraten. Él sabe que hay ciertos sectores que pretenden extender la idea de que su película está hecha contra Dios, una manera retorcida de retirar a los creyentes del cine; pero de lo que trata Camino es de la forma en que las creencias (incluso las ideologías) absolutas nos prohíben actuar como seres humanos y sentir dolor, empatía, piedad. Tampoco quiere Fesser que se piense que su película es triste. Bueno, le digo, ¿hay algo malo en emocionarse? En realidad, esta historia cuenta cómo una fe corrosiva impide a una madre sentir abiertamente el dolor por la pérdida de su hija.
Un numerario del Opus asistió al estreno. El único comentario que hizo a la salida se refería a una escena en la que se ve a miembros del Opus sentarse a comer: “Un numerario nunca se sentaría a una mesa sin mantel”. ¿Hay que pensar entonces que todo lo demás es cierto?

Javier Fesser firma un retrato del Opus Dei que horroriza pero cuya fuerza convence Carlos Boyero. El País 26/09/2008





Vi (o más gráficamente, sufrí) Camino en un pase hace dos semanas. En soledad, anhelando que terminara el calvario de la niña que la protagoniza, sintiéndome revuelto en cuerpo y alma. Cuando me preguntan que si me ha gustado, descubro que el término gustar puede ser completamente inapropiado, incluso frívolo para juzgarla. Me horroriza el universo que describe Javier Fesser e imagino que ése era su propósito al desarrollar esta historia de terror, de monstruos manipulando el intolerable dolor de una criatura letalmente enferma, ofreciendo su inmolación con infinita crueldad a un dios desconocido. En mi caso, el director ha conseguido hacerme pasar dos horas infernales, que desvíe la mirada de la pantalla, que pasado el tiempo mantenga en la retina y en el oído la cara y la voz de esa niña, el estupor y el asco hacia la secta de modales suaves, dialéctica meliflua, consignas implacables y fines salvajemente primitivos que la utilizan como sacrificio religioso. Es el precio sensitivo que tengo que pagar como espectador al ser testigo del funcionamiento, los mecanismos psicológicos, la metodología, el anverso y el reverso de los templos del fanatismo, sea éste en nombre de Alá, de Dios o de Satanás.

Supondría un alivio imaginar que lo que nos muestran es ficción, una narración sobre princesas desamparadas y villanos indestructibles que mancillan su inocencia y las obligan a corromperse, una batalla entre la luz y la oscuridad en la que forzosamente tiene que aparecer y triunfar el paladín del bien, una fábula convenientemente maniquea con tranquilizador o exaltante final feliz. No lo es. Hasta los habitantes del limbo saben que Javier Fesser está hablando de la Obra, de los principios, comportamientos, rituales, objetivos terrenales y celestiales de una organización religiosa que nunca ha descuidado el poder económico, político y social.
Berlanga nos hizo reír utilizando la sátira con personajes del Opus Dei en la espléndida La escopeta nacional. Esa novela tan eficaz en sus propósitos de comercialidad como chapuceramente escrita titulada El Código Da Vinci consiguió el desgarro de vestiduras y la inhabitual quejumbre pública de los discretos hijos espirituales de Escrivá de Balaguer. La embestida de Javier Fesser contra ellos no tiene formato de comedia ni de intriga, sino de tragedia. Aun más atroz porque las víctimas son niños. Una cría que es pura vida, utilizada como chivo expiatorio para la glorificación de la muerte y de la voluntad de Dios no ya por los mandarines de la secta sino por su propia, ciega y tenebrosa madre, y una hermana a la que estratégicamente lograron robotizar en la adolescencia, en la edad de la incertidumbre.
Sé lo que rechazo en este testimonio tan alarmantemente hermanado con la realidad. Me molesta la visualización machacante de los sueños y las pesadillas de la protagonista, las naturalistas secuencias del quirófano, un cura joven que resulta más caricaturesco que veraz, la excesiva y obsesiva utilización de la música, un desenlace inútilmente alargado. Me enamora demasiado esa cría maravillosa llamada Nerea Camacho como para distanciarme mínimamente de su tortura. Me creo lo que dicen los niños y cómo lo dicen. Me gusta la piedad de Fesser hacia ese padre débil, dubitativo, aterrado e impotente. Y me provocan mucha grima y miedo los apacibles verdugos. Si te obligan a elegir compañías indeseables entre las pavorosas sectas casi prefería a los simpáticos y siniestros ancianitos de La semilla del diablo. Y me entra el mal rollo cada vez que recuerdo Camino, lo cual me hace deducir que posee fuerza, que me ha tocado




















E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ponía así de bien, en ABC, la película de Javier Fesser
"Camino es un viaje, un recorrido. Camino es el nombre de la niña protagonista. Camino es el título de la obra de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Camino es el título de la película de Javier Fesser que cerraba ayer la presencia del cine español en la competición del Festival. Y tiene mucho «camino» por recorrer esta película larga (y alargada), que contiene secuencias magistrales, momentos de una arrebatadora fuerza poética, que hacen de la confusión filosofía y del doble sentido espiritualidad. Su arranque es atronador: una niña está en su lecho de muerte, alegre, entregada a su amor a Jesús; su madre y algunos presentes participan con doloroso regocijo de esos momentos que preceden a la muerte.
Lo terrible se torna soportable para el espectador (todavía recién llegado), y la congoja que le producen las imágenes están empapadas de un cierto alivio. Todos los «caminos» de la película retroceden inmediatamente a algunos meses atrás, y se cuenta la vida de esa jovencita increíblemente vitalista, cuya familia, y ella misma, son profundamente católicos, en especial la madre y la hermana, que vive en una casa del Opus Dei y en una absoluta y total entrega a «la obra».
No se puede entrar en tromba en esos momentos clave, de gran cine que alisa y arruga los sentimientos y emociones de sus personajes, sin revelar en exceso los resortes de una trama que necesita ser devorada en orden. Fesser se toma su tiempo (y parte del nuestro) en introducirnos ahí, en ese mundo en el que a la búsqueda de la Luz se apagan las bombillas, pero sobre todo nos conduce pacientemente hacia el interior de esa niña, Camino, tan poderosamente confortable, tan entregada y romántica que su pasión por Jesús se convierte en su particular camino, en una especie de viacrucis que la conduce directamente a la santidad (la historia de Fesser está basada, al parecer, en hechos reales).
Y también se toma su tiempo y el nuestro Fesser en retratar a pinceladas a la madre, pasional y militantemente religiosa; al padre, rendido y con medio cuerpo ya fuera de la trinchera, y a la hermana, luminosa en tiempos, como Camino, pero desaparecida en el interior de su propio camino. Y todo este tiempo es tiempo aprovechado. Luego, hay otro más discutible en el que Javier Fesser se dedica a ser Javier Fesser y le abre paréntesis de imaginación y fantasía a la profunda sordidez de la historia. Todo ello junto es la película, y la duda es si ambas cosas, sentimiento equívoco y delirio fantasioso, no se hubieran revuelto, la película ¿sería la misma, otra, otra mejor?...
«Camino» es una obra tan brillante como excesiva, que te provoca atracción y rechazo, que retrata de un modo radiante, cromático y gustoso algunos rincones oscuros de nuestro propio interior, al tiempo que describe (en realidad, se describen a sí mismos) ambientes oscuros, taimados y calculadores con la creencia de que están en el mismo foco de la luz del sol. «Camino» es polisemia pura, es pluralidad de significados y disparidad de sentimientos, supongo que es una película tan fácil de reprobar, de maljuzgar, como difícil de olvidar algunos de sus imborrables momentos. Todos sus actores están magníficos, Carmen Elías, Mariano Venancio, Manuela Vellés, pero la niña Nerea Camacho no está magnífica, está literalmente gloriosa, bienaventurada, completamente celestial
."





ENTREVISTA A JAVIER FESSER

Camino, el Opus según Fesser

"Camino" el martes 18 de noviembre en los Multicines Benavente

No sabemos cuánto cine habrá aquí...pero polémica a chorros.

lunes, 10 de noviembre de 2008

"Pozos de ambición" martes 11 de noviembre





Ficha Técnica y artística

Título: Pozos de Ambición
Título original: There Will Be Blood
País: USA
Estreno en USA: 26/12/2007
Estreno en España: 15/02/2008
Productora: Miramax Films, Paramount Pictures
Director: Paul Thomas Anderson
Guión: Paul Thomas Anderson
Reparto: Daniel Day-Lewis, Paul Dano, Ciarán Hinds, Kevin J. O'Connor, Russell Harvard




Sinopsis:
História épica sobre la familia, la fe, el poder y el petróleo que transcurre en la frontera de California a finales del siglo XIX en pleno boom del petróleo. La película es una crónica de la vida y la época de Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis), que pasa de ser un minero miserable que tiene que sacar adelante a un hijo sólo, a un magnate del petróleo. Un día a Plainview le llega un misterioso soplo sobre una ciudad al oeste donde un mar de petróleo rezuma hacia el exterior, y allí se dirige con su hijo H.W. (Dillon Freasier) para probar suerte en la polvorienta Little Boston. En esta ciudad mísera, donde la única diversión posible gira en torno a la iglesia que dirige el carismático predicador Eli Sunday (Paul Dano), Plainview y H.W. dan su golpe de suerte. Pero ahora que la fortuna empieza a sonreirles, nada volverá a ser igual: surgen los conflictos y todos los valores humanos –amor, esperanza, comunidad, fe, ambición e incluso los lazos entre padre e hijo- son expuestos a la corrupción, la decepción y al flujo del petróleo.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Homenaje a Paul Newman: "El buscavidas" de Robert Rossen


"Incontestablemente genial, una de las películas de mi vida" (Carlos Boyero: Diario El Mundo)



"El mejor catálogo sobre la perdición de siempre" (Javier Ocaña: Cinemanía)

"Todo un clásico del séptimo arte. Una de las mejores radiografías que se han rodado sobre la filosofía norteamericana del éxito" (Fernando Morales: Diario El País)

El cineclub Fetiche se alegra de poder proyectar en los Multicines Benavente, el martes 4 de noviembre a las 21 h. una obra maestra del séptimo arte en memoria de uno de los grandes: Paul Newman



Sinopsis
Eddie Felson (Newman) es un joven, arrogante y amoral buscavidas que frecuenta salas de billar, dejando pelado a cualquiera que empuñe un taco. Decidido a ser aclamado como el mejor, Eddie busca al legendario Gordo de Minnesota (Gleason), apoyado por Bert Gordon (Scott) un agresivo jugador. Eddie podría batir al campeón, pero se ve derrotado por su baja autoestima. El amor de una solitaria mujer (Laurie) podría volver a sacarle de esta vida, pero Eddie no descansará hasta vencer al Gordo de Minnesota, sin importarle el precio que tenga que pagar por ello.

Ficha técnica y artística

Título Original: The Hustler
País: USA
Año: 1961
Intérpretes:
Paul Newman, Jackie Gleason, George C. Scott, Piper Laurie, Myron McCormick, Murray Hamilton, Vincent Gardenia, Michael Constantine, Stefan Gierasch, Clifford A. Pellow, Jake LaMotta, Gordon B. Clarke, Alexander Rose, Carolyn Coates y Carl York
Dirección: Robert Rossen
Producción: Robert Rossen
Guión: Robert Rossen y Sidney Carroll; basados en una novela de Walter Tevis
Fotografía: Eugen Schüfftan (B/N)
Música: Kenyon Hopkins
Montaje: Dede Allen
Diseño Producción: Harry Horner
Vestuario: Ruth Morley
Productora: 20th Century Fox
Duración: 135 minutos
Premios: Oscar 1961 (Fotografía y Dirección artística)

Crítica de www.miradas.net
Una impenetrable oscuridad
Se hace muy difícil expresar en palabras todas y cada una de los aciertos de un film tan monumental como El buscavidas (The Hustler, 1961), y no por el espacio disponible (limitado como puede imaginar el lector), sino por una razón, que ahora mismo se me antoja insalvable: las imágenes y los diálogos del film expresan y explican todo de forma concisa, magistral, irrepetible; ¿cómo se puede, entonces, trasladar todo eso en un escrito cuando ya está perfectamente explicado en la película, sin caer irremediablemente en la repetición, en lo evidente? Consciente de ello intentaré exponer en las siguientes líneas algunos de los aspectos, que en mi opinión, son los más relevantes de una película, que ya invito a (volver) ver al lector, pues, insisto, lo mejor que uno puede hacer ante algo tan extraordinario es saborearlo una y otra vez, pues siempre se tiene la sensación de estar viéndola (disfrutándola mejor dicho) por primera vez.
La secuencia que abre el film, aun antes de que aparezcan los genéricos, define en apenas cinco minutos quién es el protagonista (Eddie "Relámpago" Felson: posiblemente nunca Paul Newman ha estado mejor) y a qué se dedica: en una parada en el camino él y su socio, Charlie (Myron McCormick), toman unas cervezas en un bar y aprovechan para jugar al billar; todo no es más que una artimaña para sacarle el dinero al pobre primo, en ese caso el camarero, que apostará contra Felson una jugada. El magnífico retrato que Robert Rossen, director y co-guionista del film, realiza del submundo del juego, de pequeñas mafias y de unos personajes memorables, se aprecia ya en este conciso y magistral prólogo.
Felson, un tahúr del billar, tiene un objetivo: desafiar al "Gordo de Minnesota", considerado el mejor jugador y que no ha perdido una partida en los últimos diez años. El enfrentamiento entre ambos no se hace esperar y llena el primer acto del film, que no sirve para mostrar simplemente las cualidades de ambos (el billar siempre es el fondo de la narración, una mera excusa, que resulta, de todos modos, fascinante) sino que define ya por completo a Eddie Felson: su carácter prepotente, ya intuido en los primeros diálogos arrogantes del joven especialista antes de iniciar la partida; su obsesión de equipararse en todo momento al "Gordo" y derrotarlo definitivamente; su falta de sentido común en el momento cumbre. Y aunque pudiera parecer que sólo existe el personaje protagonista como tal en toda esta parte, no es así: el propio "Gordo de Minnesota", en su aparente esquematismo es un personaje espléndidamente descrito gracias a la genial composición de Jackie Gleason, y a aspectos, a priori, poco relevantes, como su vestimenta, sus gestos, convirtiéndose en el perfecto contraste frente al joven buscavidas; incluso Charlie se perfila como algo más que el simple socio capitalista, en su intento de proteger su inversión, sin dejar por ello de sentir aprecio por el jugador. Del mismo modo se introduce el mundo donde se desarrollará todo el film, caracterizado por el juego, el alcohol y el dinero, perfectamente ubicada en una sala de billares y modélicamente iluminado por Eugen Shuftman.
Tras caer derrotado ante el "Gordo" y quedarse con tan solo doscientos dólares, Eddie Felson abandonará a su socio, con un único objetivo: conseguir el suficiente dinero para volver a desafiar y demostrar(se) que es el mejor.
En esta búsqueda conocerá a Sarah Packard (interpretada por una portentosa e inolvidable Piper Laurie) en la cafetería/bar de la estación de autobuses, en una escena memorable, edificada sobre una estudiada puesta en escena, en la que apenas cuatro o cinco planos describen el acercamiento de los dos. Si en un principio Sarah desconfiará del joven buscavidas y le rechazará, ella misma regresará en su busca a la misma cafetería en una escena extraordinaria, en la que perfectamente se define la atracción que se profesan y la necesidad que uno tiene del otro, y que concluye magistralmente con ese plano de los dos abandonando la estación abrazados, iniciándose así su tortuosa relación. El excelente sentido elíptico de Rossen se puede apreciar ya en este momento, pues la inmediatamente posterior escena presenta a Sarah llevando la compra y dirigiéndose a su casa, en la que Eddie la espera, pues están viviendo juntos; subrayado ese paso del tiempo de manera sutil y hábil mediante algunos diálogos (1).
La relación entre ambos es, en primera instancia, fría y distante, pero la necesidad de tener a alguien es mucho mayor y ambos se enamoran, por mucho que sólo sea ella quien lo exprese abiertamente. La aparición de Charlie, en busca de estabilizar de nuevo su sociedad con Eddie, sirve para que se refuerce la relación entre éste y Sarah -ella conocerá por fin a qué se dedica Eddie (2)-, aunque de pie, primero, a una fuerte discusión entre ambos, y de paso para mostrar la larga separación entre Eddie y su socio, que buscan metas distintas y que obviamente les llevará a la ruptura definitiva, marcada por el desprecio y la continua arrogancia del tahúr, que le despedirá con un "muérte ya".
El buscavidas sigue de manera ejemplar una estructura causa-efecto: cada plano es consecuencia del anterior y, a su vez, germen del siguiente. Un ejemplo sería cuando Eddie se encuentra de nuevo con Bert Gordon (George C. Scott, ofreciendo su hosco y antipático rostro -y sus excelentes dotes interpretativas- a uno de los malvados más inolvidables que ha dado el cine) tras conocerle en la partida contra el "Gordo", que, con cierta superioridad le asegura que ha nacido para perder, ofreciéndole una asociación, que Eddie rechaza. La siguiente escena es determinante: el buscavidas vence a un nuevo pardillo en uno de esos bares de los barrios bajos que frecuenta, pero en esta ocasión su arrogancia le pasa una mala pasada y es víctima de una paliza por parte de un grupo que exclama que no quieren buscavidas en su bar, y que consiguen fracturarle los dedos. Su intento de buscarse la vida por su cuenta no sólo no fructifica sino que acaba mal como le había advertido Gordon y, es más, el tono agrio entre Sarah y Eddie que dejó su anterior discusión que mantuvieron antes del accidente, se torna en mutuo acercamiento, tanto en la magistral escena en la que Eddie deja que Sarah le abroche la camisa, como en su picnic en el campo donde cada uno expresa sus sentimientos y dudas, adelantándose a una posible reflexión del espectador sobre lo sucedido justo antes, mostrando a unos personajes tan cercanos y auténticos que es imposible no sentir ni sufrir con ellos. Este encadenado de secuencias, que duran lo justo y resultan admirables por todo, y las dependencias entre una y otras, son un claro ejemplo de narración cinematográfica y prueba que Rossen no sólo era un excelente guionista (3).
Como no podría ser de otra manera Eddie finalmente aceptará la propuesta inicial de Gordon y se irá con él y Sarah para enfrentarse a un tal Findley. Será este "viaje" definitivo para que "Relámpago" Felson madure como jugador de billar y como persona, pero a un precio muy alto. La perfecta descripción que hace Rossen del nuevo trío y sus trágicos acontecimientos tiene tres momentos claves, cada uno consecuencia del anterior, en esta tercera y penúltima parte del film. 1. Debido a la lógica desconfianza que Sarah siente por el mezquino Gordon, y la intención de éste por proteger su inversión, buscando librarse, por lo tanto, de ella, en la fiesta que da Findley, Gordon procura sacar de quicio a la muchacha, que no para de beber, murmurándola algo al oído -que queda en off, de manera muy inteligente, pero que permite imaginarnos, aproximadamente, lo qué le dice-, consiguiéndolo: un ataque de histeria de la muchacha, que terminará descansando en una cama de la mansión. 2. Mientras Sarah pasa su resaca, Eddie juega contra Findley. Es un desastre: Gordon le asegura, nuevamente, y entre cierta desilusión, que ha nacido para perder y que se acabó. En ese momento, entra Sarah, que solicita la compañía de Eddie y que vuelva con ella al hotel. Sin embargo él no quiere, está obsesionado con la partida. Es entonces, cuando el carroñero Gordon aprovecha la breve, pero grave discusión entre la parejea, y el estado de ánimo de él, para apostar de nuevo: Eddie termina aplastando a Findley. 3. Gordon llega al hotel sólo y aprovecha para deshacerse de la muchacha asegurándola que es lo que quiere Eddie. Tras una elipsis genial se devela lo sucedido: Gordon habla con unos policías, en el baño el cuerpo inerte de Sarah, que ha decidido quitarse la vida. Eddie, lleno de una insondable tristeza se abalanza contra Gordon, pidiéndole explicaciones...
Los tres mil dólares ganados a Findley permiten a Eddie desafiar de nuevo al "Gordo de Minnesota", derrotándolo ante la mirada de Bert Gordon, que reclamará su parte, pues entiende que continúa siendo su socio. Sin embargo, el recuerdo de Sarah, de lo sucedido y las palabras de Eddie, no dejan ni siquiera indiferente a una persona como Gordon, incapaz de sentir amor, incapaz de poder sufrir por otra persona, pero, muy posiblemente, incapaz también de olvidar e, incapaz de enfrentarse a alguien que no le importa seguir vivo, pues en su camino hacia el cielo ha atravesado las profundidades del infierno. Una antológica secuencia que concluye una película perfecta.
(1) Hay otros ejemplos de empleo de elipsis, incluso encadenados sucesivos de elipsis, como cuando rompen los dedos a Eddie y su paulatina rehabilitación, mostrada en varias escenas consecutivas, que se integran de manera perfecta en el devenir de la historia.(2) Más adelante, Eddie conocerá la verdad respecto a Sarah, justo antes de que él le diga que se va unas semanas y ella teme que no volverá. Esta escena es asombrosa. (3) Robert Rossen (1908 - 1966) antes de dirigir demostró sus cualidades como escritor en, por ejemplo, su colaboración para el libreto de Los violentos años veinte (The Roaring Twenties, 1939), una de las varias obras maestras de Raoul Walsh o en los guiones de A Walk in the Sun (1945) y El extraño amor de Martha Ivers (The Strange Love of Martha Ivers, 1946), ambas de Lewis Milestone. A pesar de ser víctima de la vergonzosa "caza de brujas", Rossen antes de morir pudo realizar dos films únicos e irrepetibles -el que ha originado estas líneas y Lilith (id., 1964)- demostrando que fue un excelente director, que, tal vez, en otro lugar y/o en otro momento, podría haber dado mucho (todavía) más de sí.
Eddie, has nacido para perder (Un artículo de Ana Sanchez en www.kane3.es)
"Cuando estoy en racha me siento como un jinete en su caballo, con todo ese poder y velocidad. Es una sensación realmente fantástica, cuando lo haces bien y lo sabes. De pronto, noto aceite en el brazo. El taco de billar forma parte de mí. El taco de billar tiene nervios. Es un trozo de madera con nervios. Sientes las bolas rodar. No tienes que mirar, simplemente lo sabes. Haces jugadas que nunca antes se habían hecho. Y juegas al billar como nunca antes se había jugado". - Eddie Felson.
"No eres un perdedor, Eddie. Algunos hombres nunca se sienten así por nada". - Sarah Packard.
Conozco a mucha gente que no duda en afirmar que su película favorita no es El Padrino o Ciudadano Kane. Es El buscavidas (The Hustler, 1961) [1], dirigida por Robert Rossen y basada en la novela homónima de Walter Tevis con guión del propio Rossen y Sidney Carroll.Son profesionales o jugadores de billar (y de otros menesteres).Otros, que han agarrado un taco de billar para pasar el rato, también la catalogan como obra maestra.
El director Robert Rossen sentía atracción por el tema ya que parte de su juventud la pasó en las salas de billar de los barrios más pobres de Nueva York. En 1936 escribió una pieza teatral titulada Cornet Pocket donde los personajes se reunían en unos billares. A Walter Tevis también le picó el bicho de este juego (para muchos deporte, llevan tiempo peleando para que pueda ser olímpico) obligado a trabajar en unos billares mientras finalizaba sus estudios en el Reino Unido. El billar profesional fue el tema con el que comenzó su andadura como novelista (The Hustler, 1959) y con el que finalizó su vida y su obra (The Color of Money, 1984).
El buscavidas plantea una cuestión: ¿Qué precio estás dispuesto a pagar para conseguir el triunfo (ganar)? Robert Rossen evidencia la pérdida de la voluntad del invididuo, consecuencia de la ambición por el éxito, como característica esencial del American Way of Life, un tema recurrente en su filmografía (Cuerpo y alma; Body and Soul, 1947), El político; All The King´s Men, 1949).No olvidemos que durante el macartismo y su caza de brujas, el director neoyorquino reconoció, en 1953, ante el Comité de Actividades Antiamericanas, el nombre de varios de sus compañeros pertenecientes al partido comunista. Después de este episodio, Rossen jamás se desprendió de un profundo sentimiento de culpa. Eddie Felson, tampoco.
Eddie y el Gordo
Como si de un western se tratase, antes de los créditos iniciales (con la oposición de los estudios ante este montaje cuya práctica era poco habitual), es magistralmente presentado Eddie el Relámpago Felson-Paul Newman: timador, tramposo, buscavidas profesional que llega a la ciudad con su socio Charlie (Myron McCornick) y su taco-rifle, dispuesto a timar al pardillo de turno. Eso sí, antes pide en la barra su whisky favorito, el ya clásico J.T.S. Brown. Y comienza el espectáculo.
Pero hablemos de billar.
El arranque y el cierre del filme lo ocupan dos partidas que transcurren en los Ames Billiards (calle 47 de N.Y.), sin embargo, en la novela de W. Tevis acontecerán en los Bennington´s (homenaje a la Bensinger´s Billiards Academy de Chicago). La primera media hora del film está dedicada al juego con más suspense de la historia del cine rodada en Cinemascope: las 25 horas de duelo entre Eddie Felson y el Gordo de Minnesota.

Wllie Mosconi y Paul Newman
Pero, ¿Paul Newman y Jackie Gleason sabían jugar al billar?El primero no, el segundo sí (y de escándalo). Newman recibió clases de Willie Mosconi, el mejor jugador de la liga estadounidense de billar, ganador del Campeonato Mundial en 15 ocasiones. Mosconi, que en la película es el depositario del dinero de las apuestas y espectador en las partidas, se convirtió en el asesor técnico de El buscavidas. Durante una de sus exhibiciones (encontramos en el film un cartel descolorido de una de ellas) batió el siguiente récord: metió en las troneras ¡526 bolas consecutivas!
Cuentan que Jackie Gleason y Willie Mosconi (sin desvelar su identidad) jugaron una partida de billar. Al finalizar, Mosconi le comentó a Robert Rossen que ya sabía qué actor encajaba a la perfección en el papel del Gordo de Minnesota. Menos mal que el actor que tenía en mente Mosconi para encarnar a Eddie Felson (su amigo Frank Sinatra) no coincidía con el de Rossen. ¿Se imaginan a Eddie Felson interpretado por otro actor que no fuese Paul Newman? Por cierto, todos los años, en diciembre, se juega la Mosconi Cup en Las Vegas (en internet, como no, se abren las apuestas), competición que disputan los Estados Unidos contra Europa.Willie Mosconi falleció en 1993 de un infarto.
Sigamos con Jackie Gleason, imbatible, elegante, con un clavel rojo en el ojal (aportación suya, era una tradición en Brooklyn en el Día de la Madre) y su anillo de diamantes. "Ver jugar al Gordo es una maravilla"-comenta Eddie embobado, "parece que baila, que tocase un violín con sus dedos". Después del estreno de la película un jugador profesional de la época, Rudolph Walter Wanderone Jr. pasó a llamarse "Minnesota Fats", llegó a declarar que el personaje de Gleason estaba basado en él, Walter Tevis no tardó en desmentirlo, años más tarde lo hizo el propio Jackie.
14.1
Volvamos a la partida del principio. ¿A qué se juega en esta película? Al 14.1 Continuo (Straight Pool). Cada jugador debe meter 14 de las 15 bolas (cantando la tronera a la que van y en cualquier orden) una después de la otra, cuando queda una sola bola se para el juego, se reponen las 14 bolas en la mesa y se continúa. Se anota un punto por bola metida.
La forma en la que están rodadas las 25 horas de juego es de un virtuosismo abrumador: la luz, la puesta en escena, las elipsis, las miradas, las extraordinarias jugadas con la cámara colocada en el mejor sitio, los evidentes estados de ánimo de los personajes... Y cómo Eddie pierde los 18.000 dólares, que ya tenía en su bolsillo, por beber, y cómo el Gordo le demuestra por qué nadie le ha ganado en 15 años (es el poder establecido).
Bert y Sarah
Nos hemos dejado a dos personajes clave de El buscavidas, Bert Gordon (George C. Scott) y Sarah Packard (Piper Laurie) [2].
Bert Gordon, es el que cubre, el que tiene la pasta, el que te reboza eso de "si quieres ganar, me necesitas". Un personaje sin alma, siempre de negro, con mirada impertinente y sonrisa cínica, que juega al póquer y sólo bebe leche cuando está sentado en la mesa de juego.
Bert será el alter ego de Eddie/Newman en El color del dinero de la que hablaremos más tarde.
Él sabe cuál es el punto débil de Eddie al dejar escapar al Gordo.
"Tener talento no es suficiente, también es carácter (...) Eddie, has nacido para perder. Claro, te emborrachaste, tenías el mejor pretexto del mundo para perder, no importa perder con una buena excusa. Pero ganar, resulta a veces como una carga, pesa mucho, es un fardo del que puedes deshacerte con una excusa, lo único que puedes hacer es compadecerte a ti mismo, es uno de los mejores deportes, sentir compasión de uno mismo, un deporte que gusta a todos, especialmente a los fracasados".
Una de las escenas más bellas de la película no transcurre en los billares, sino en una estación de autobuses, donde Eddie conoce a Sarah. Los dos están solos y comparten una botella de whisky. La obsesión por la revancha, el dinero (conseguirlo trabajando no pasa por su cerebro, claro) y todos los pájaros que le ha metido Bert en la cabeza provocarán un desenlace previsible en el mundo del juego. Ella, coja, alcohólica, aspirante a escritora, es el lado sensible y frágil, los dos juntos podrían salir de su infierno personal. Piper Laurie realiza unos de los personajes femeninos mejor construidos de la historia del cine.
No desvelaré el final por si existe alguna alma cándida e inconsciente que todavía no haya visto la película, es simplemente brillante. Eddie ya no es el mismo.
El color del dinero
"El 9 Ball es el más característico de los juegos de billar americanos. Los dos jugadores juegan con las mismas bolas numeradas del 1 al 9 que han de introducir por orden en las troneras. Cuando un jugador falla o comete una falta el otro continúa la jugada. La única bola que puntúa es la número 9. Un jugador puede hacer 8 jugadas perfectas seguidas, fallar en la novena y perder. También puede meter la número 9 en la tacada de salida y ganar. Por eso se dice que la suerte es un factor decisivo en el 9 Ball, aunque para algunos jugadores la suerte es un arte". -Así comienza Martin Scorsese El color del dinero (The Color of Money, 1986), narrando él mismo las reglas del juego más popular en EE.UU. [3].
Fue Paul Newman quien llamó a Scorsese para dirigir esta película: Eddie Felson 25 años después, ahora convertido en el Bert Gordon de El buscavidas. Eddie se ha metamorfoseado en todo lo que odiaba en su pasado, hasta que un día fija su mirada en el cañonazo de Vincent.
Al joven Tom Cruise le ofrecieron el papel antes del boom que generaría Top Gun, tenía 24 años. Paul Newman en El buscavidas, había cumplido los 35. Cruise, ya sabía jugar al billar americano pero necesitó del asesoramiento técnico de Mike Sigel para hacer creibles las improbables (pero vistosas) jugadas que aparecen en la película.
En una entrevista realizada por Michael Henry y publicada en el número 313 de la revista Positif (marzo, 1987), Scorsese sentencia: "Admiro mucho la tentativa de Rossen: la película es magnífica visualmente, pero los largos discursos de los personajes, los juicios morales que continuamente hacen sobre sus actos, me parecían desfasados. Ése no es realmente el estilo de los jugadores de billar, por lo menos en nuestra época". Bueno, ahí están las dos películas, juzguen cómo las ha tratado la historia del cine o cuál prefieren ver esta noche.
Eddie, Vincent y Carmen
Efectivamente, el tratamiento de los personajes de Rossen y de Scorsese no tiene nada que ver, en El color del dinero son esquemáticos. Eddie ahora es el padre-maestro que decide apostar por el inmaduro diamante en bruto, y en ocasiones imbécil, Vincent Lauria (bien lo refleja la escena en la que se marca un baile con el Werewolves of London de Warren Zevon mientras muestra como un pavo real su juego o cuando le sugiere a John Turturro que jueguen sin dinero de por medio ¿?). Y el personaje femenino protagonizado por Mary Elizabeth Mastrantonio, Carmen, del que sólo conocemos que es una mujer obsesionada por el dinero.
Y nuevamente nos topamos con el triángulo de El buscavidas cuando los tres personajes emprenden el viaje a Atlantic City.Pero, ¿qué as en la manga tiene Eddie Felson para que Vincent acepte ir a pelar al personal durante seis semanas antes del campeonato de billar?Le regala su taco: un George Balabushka, que obviamente no podrá utilizar en su aprendizaje de perder (hacer ver a los demás que no eres bueno) para luego desplumarles, con el teatrillo de los dos hermanos y un extraño incorporado.
A Scorsese no le apasionaba el billar. Los ángulos de cámara (dentro de las troneras), los travellings circulares alrededor de los jugadores, ruidos estridentes, es todo muy espectacular, en ocasiones con estética de videoclip, pero nada más. El billar no es una metáfora de nada. Aquí el objetivo es la pasta -"el dinero del juego sabe 100 veces mejor que el ganado. Para ganar hace falta una cabeza lúcida y un par de huevos, y a ti te sobran huevos"- le asegura Eddie a Vincent.
Lo realmente trascendental para el espectador es el regreso de un Eddie Felson (con su mítico "I´m Back") que parece haber pagado con creces su pasado autodestructivo. Ahora, además, necesita gafas.
Hay varias secuencias con guiños a los jugadores profesionales, destaco dos, tal vez las más insulsas: cuando Eddie Felson se inscribe en el campeonato 9 Ball Classic y va a ojear la sala que es un templo, con su cúpula y su altar (es lo primero que hacen los fieles del billar); y cuando gana en los cuartos de final: sale de la sala, dirige sus pasos a la calle, sale al exterior, pega un grito y vuelve a entrar.
Es curioso, una sórdida (o no) sala de billar tiene algo mágico, allí puede brillar un solitario inadaptado de la vida "real". Cuando se deja caer a las dos de la mañana y monta el taco, se crea un corrillo de asiduos y mirones a su alrededor. Y entonces, mientras juega se siente como Eddie Felson. Es real. El tiempo se detiene y lo demás no existe. Pero no nos engañemos, una parte del mundo "exterior" piensa lo mismo que lo que Piper Laurie escribe en el espejo del baño con su barra de labios: "pervertidos, retorcidos, enfermos".
[1]De 10 nominaciones tan sólo obtuvo dos Oscar: a la Dirección Artística (Harry Horner y Gene Callahan) y a la Mejor Fotografía (Eugen Schüfftan).
[2] Para los más jóvenes: Piper Laurie fue la madre de Sissy Spacek en Carrie, o la enigmática Catherine Packard (repite apellido) en Twin Peaks.
[3] Eddie: "Esto no es billar (...) Bola 9 es para que lo televisen, porque es más fácil, igual que el parchís es más popular que el ajedrez. El bola 9 es para cafres".

jueves, 30 de octubre de 2008

domingo, 26 de octubre de 2008

"La edad de la ignorancia" de Denys Arcand. El martes 28 de octubre a las 21 h en los Multicines Benavente



"Denys Arcand acaba la trilogía contemplando nuestra sociedad con una mirada llena de desencanto. Lo hace con humor y ferocidad". (Le Figaroscope. Jean Luc Wachthausen)


Sinopsis


En sus sueños, Jean-Marc es un caballero con una brillante armadura, una estrella del escenario y de la pantalla, y un novelista de éxito que tiene a las mujeres rendidas a sus pies.


En la realidad, es un don nadie, un chupatintas, un marido insignificante, un padre fracasado que fuma a escondidas. Pero Jean-Marc consigue resistir sin caer en la tentación de su mundo de sueños y decide darse otra oportunidad en el mundo real.


Entrevista con Denys Arcand


¿De dónde surgió la idea de LA EDAD DE LA IGNORANCIA?


Debido al éxito de Las invasiones bárbaras, estuve un año viajando por todo el mundo concediendo entrevistas. Duró todo un año, desde Cannes hasta los Oscar del año siguiente. Después de tres meses pensé: “¿Existe alguna persona a la que le gustaría hacer lo que hago ahora?” Empecé a pensar en un tipo que nunca habría salido en la tele, al que nunca le habrían puesto un micrófono delante de la boca, pero que sueña con ser entrevistado, con conocer a estrellas de cine y codearse con la jet set. Así nació Jean-Marc Leblanc.


¿Escribió el papel para Marc Labrèche?


No había trabajado con Marc, pero es un actor cómico muy famoso en Quebec. Habíamos coincidido un día en otro proyecto justo antes de que empezara a escribir este, y me di cuenta de que nos hacían gracia las mismas cosas. También tenía la edad perfecta y ese aspecto anodino ideal para el personaje, pero lo más importante es que estábamos exactamente en la misma onda. Me quedaba solucionar lo más difícil: ¿Cómo iba este hombre anodino a hacer algo con su vida, qué soluciones podía ofrecerle?


Como director, ¿las películas son su forma de ‘criticar’ a la sociedad?


En Hollywood hay un dicho muy bueno: “Si tienes algo que decir, manda un telegrama”. No digo que no tenga nada que decir, pero sobre todo tengo una historia que contar. Desde luego, la historia tiene aspectos simbólicos. No me siento capaz de hacer un drama puro y duro o 90 minutos de comedia. Mis películas siempre fluctúan entre la comedia, la tragedia, el humor, el melodrama. Por eso soy realizador de cine y no activista político. Tiendo a ver los dos lados de una discusión. La vida de Jean-Marc es aburrida, sin cariño, pero sus sueños están llenos de mujeres que le adoran.Llenan un enorme vacío emocional y sexual. Todo empieza cuando, estando los dos en la cama, le dice a su mujer: “Me preocupa mi madre”. Ella le contesta: “Bueno”, mientras sigue jugando con la consola Gameboy. Jean-Marc sale al jardín y se va al cobertizo, donde le espera Diane Kruger, que le pregunta: “¿Cómo está tu madre?”. Es lo que quiere oír, pero que nunca oye. Si vas a tener una amante en sueños, mejor que sea Diane Kruger con una copa de champán delante de una chimenea encendida. No hay límites en los sueños.


La película nos presenta nuevos personajes, pero el espíritu es el mismo que en El declive del imperio americano y Las invasiones bárbaras.


Es la última entrega de la trilogía. Después de El declive del imperio americano, de Las invasiones bárbaras, ¿qué queda? Los años oscuros. Tengo la sensación de que vamos hacia una nueva Edad Media. Quería desarrollar ese tema porque la Edad Media representa la guerra contra el islam: los infieles, las cruzadas. Así estamos ahora. También representa el repentino deseo de la mujer de convertirse en inaccesible y tener a los hombres recitándoles poemas.


¿Quién es Denys Arcand?


Es conocido en todo el mundo no solo por la larga lista de galardones que han obtenido sus películas, sino por su visión perspicaz y poética de la sociedad actual. En 2003 escribió y dirigió Las invasiones bárbaras, que ganó el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa, además de ser nominada al Oscar al Mejor Guión Original; ganó tres César, Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión; fue Mejor Guión en el Festival de Cannes; obtuvo numerosos Génie y otros 35 premios en todo el mundo. En 2000 rodó Stardom, que se proyectó en Cannes fuera de competición y fue seleccionada por los festivales de Londres, Toronto y Vancouver. En 1996 dirigió “Poverty and Other Delights”, un telefilm que transcurre en el mundo de los sintecho. En 1995 realizó su primera película en inglés, La verdadera naturaleza del amor. En 1989 dirigió Jesús de Montreal, ganadora de dos premios en Cannes, 12 Génie y nominada a un Oscar. En 1987 realizó El declive del imperio americano, que ganó el Premio FIPRESCI de la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, fue nominada al Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa, obtuvo 9 Génie en Canadá y numerosos premios en festivales internacionales. Después de rodar dos documentales, realizó su primer largometraje, Dirty Money, en 1971, seleccionado para participar en la Semana de la Crítica en Cannes. En 1973, Réjeanne Padovani participó en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes y en el Festival de Nueva York. A continuación dirigió Gina, Comfort and Indifference y Murder in the Family.


La prensa ha dicho
"Denys Arcand acaba la trilogía contemplando nuestra sociedad con una mirada llena de desencanto. Lo hace con humor y ferocidad." Le Figaroscope – Jean-Luc Wachthausen
"El realizador de El declive del imperio americano vuelve a usar la farsa social para realzar los defectos de esta formidable época en la que vivimos. No está todo perdido si aún podemos reír." Télé 7 Jours – Julien Barcilon
"Entre escenas conmovedoras y otras francamente hilarantes, Denys Arcand aprovecha esta búsqueda íntima para ajustar cuentas con una sociedad muy parecida a la nuestra." L’Humanité – Dominique Widemann
"La nueva comedia de Denys Arcand es ante todo el terrible retrato del fracaso de la sociedad moderna." aVoir-aLire.com – Virgile Dumez
"Los chistes se encadenan con el tono agridulce tan característico del realizador de El declive del imperio americano." [Le Monde – Isabelle Regnier]


sábado, 18 de octubre de 2008

"Antes que el diablo sepa que has muerto" de Sidney Lumet. El martes 21 a las 21h en los multicines Benavente

"La película más sombría, lúcida y trágica que ha hecho el cine americano en mucho tiempo." (Carlos Boyero: Diario El País)

Ficha técnica y artística

Título: ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO
Título original: Before the Devil Knows You're Dead
Dirección: Sidney Lumet
País: Estados Unidos, El Reino Unido
Año: 2007
Duración: 120 min.
Género: Drama
Reparto: Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney, Marisa Tomei, Aleksa Palladino, MIchael Shannon, Amy Ryan, Sarah Livingston, Brian F. O'Byrne, Rosemary Harris
Guión: Kelly Masterson
Web: www.7h58cesamedila-lefilm.com
Distribuidora: Azeta Cinema
Productora: Unity Productions, Linsefilm, Michael Cerenzie Productions
Cásting: Ellen Lewis, Lindsay Chag
Dirección artística: Wing Lee
Diseño de Producción: Christopher Nowak
Fotografía: Ron Fortunato
Montaje: Tom Swartwout
Música: Carter Burwell
Productor: Austin Chick, Brian Linse, Carol Cuddy, Jeff G. Waxman, Michael Cerenzie, Paul Parmar, William S. Gilmore
Productor ejecutivo: Belle Avery, David Bergstein, Eli Klein, Hannah Leader, J. J. Hoffman, Jane Barclay, Jeffry Melnick, Sam Zaharis
Vestuario: Cristina Nigro
Sinopsis:



Desesperados por conseguir dinero fácil, dos hermanos de clase burguesa, Andy, (Philip Seymour Hoffman), un ambicioso hombre de negocios casado con una mujer florero y adicto a la heroína, y Hank (Ethan Hawke), cuyo sueldo se va casi íntegramente en pagar la pensión de su ex mujer y su hijo, conspiran para llevar a cabo el atraco perfecto: atracar la joyería de sus padres en Wetchester, Nueva York. Nada de pistolas, nada de violencia, y nada de problemas. Pero cuando su cómplice decide no cumplir las reglas del juego, las cosas no salen como ambos se esperaban.
Críticas

  1. "Esta película es veloz y feroz, la más afilada y la mejor de Lumet desde 'El principe de la ciudad' (Prince of the City, 1981), y seguramente una de las mejores del año. (...) Puntuación: **** (sobre 4)." (Lou Lumenick: New York Post)
  2. "Memorable" (Owen Gleiberman: Entertainment Weekly)
  3. "Además de ser digna de estudio por sus grandes actuaciones, es digna de estudio por su gran dirección." (Ann Hornaday: Washington Post)
  4. "Un filme explosivo que se coloca como uno de los mejores del año (...) Puntuación: ***1/2 (sobre 4)." (Peter Travers: Rolling Stone)
  5. "El resultado no es cine negro de primera categoría, pero sí una clase de interpretación de primera. Una película que admirarás sin disfrutarla." (Michael Sragow: Baltimore Sun)
  6. "Magistral (...) excelente guión (...) Lumet rueda con rabia cuando hay que tirar de ella (...) y con quietud cuando hay que describir el dolor interno" (Javier Ocaña: Diario El País)
  7. "Terrible y brillante Lumet. (...) La complejidad de la trama se ve (re)compensada con una aún mayor complejidad de forma, de estilo (...) ejemplar cine de género (...) Puntuación: **** (sobre 5)." (E. Rodríguez Marchante: Diario ABC)
  8. "Lumet logra un películón vistiendo de negro lagarterana a la tragedia clásica. Original, moderno y clásico a la vez (...) Puntuación: **** (sobre 5)." (Carlos Marañón: Cinemanía)
  9. "Quien quiera experimentar de primera mano lo que es la intensidad del thriller, la complejidad humana en sus aspectos más cotidianamente sórdidos o el virtuosismo narrativo sin estridencias, que corra a ver este nuevo trabajo de Lumet (...) Puntuación: **** (sobre 5)." (Alberto Bermejo: Diario El Mundo)
  10. "La película más sombría, lúcida y trágica que ha hecho el cine americano en mucho tiempo." (Carlos Boyero: Diario El País)






Citas de Sidney Lumet.






  1. "Para algunas cosas disponemos de un talento natural; otras hay que aprenderlas. Algunas cosas, sencillamente, somos incapaces de hacerlas."




  2. "No sé de qué trata mi vida ni quiero saberlo. Mi vida se define a sí misma cuando la vivo. Las películas se definirán a sí mismas cuando las haga."




  3. "Quienquiera que haga una película tiene derecho a su propia interpretación. He amado y admirado un montón de películas que sentía que trataban de algo distinto a lo que yo estaba viendo".




  4. "Todo el mundo en el cine tiene lo que en nuestra jerga se conoce como un período caliente. Ocurre cuando todo el mundo te solicita porque tu última película fue un éxito. Si has tenido dos éxitos seguidos, estás ardiendo. Tres éxitos y la cosa es de «¿Qué quieres, chico? Sólo tienes que pedirlo.» (...) Por lo que he observado, el mismo modelo se aplica en el mundo editorial, el teatro, la música, el derecho, la cirugía, los deportes, la televisión... en todos los oficios."




  5. "El equipo de una película funciona de modo muy parecido a una orquesta: la suma de varias armonías puede cambiar, prolongar y clarificar la naturaleza del tema."




  6. "Estilo: el modo en que cuentas una historia concreta. Tras la primera decisión crítica («¿De qué trata la historia?») viene la segunda decisión más importante: «Ahora que sé de qué trata, ¿cómo la cuento?»"




  7. "En una ocasión me preguntaron qué hacía que una película fuese de un modo determinado. Respondí que es como hacer un mosaico. Cada elemento es como pequeña pieza. La coloreas, le das forma, la pules lo mejor que puedes. Haces quinientas o seiscientas de esas piezas, quizás un millar.(...) Luego las pegas literalmente unas a otras y esperas que el resultado sea el deseado. Pero si quieres que el mosaico se parezca a alguna cosa, mejor será que tengas claro lo que pretendes cuando estés trabajando en cada pequeña pieza."




  8. "Si cuento con dos estrellas de cine en la película que estoy haciendo, siempre sé que en realidad cuento con tres. La tercera es la cámara."




  9. "Un buen trabajo requiere pasión. (...) no puedo autoconvencerme de que soy objetivo. No lo soy. Como un guardameta que observa la pelota acercándose a su portería, rezo mientras se desarrolla la jugada. Quiero que funcione. Pero debo tener mucho cuidado mientras observo. ¿Cómo mantener la pasión y juzgar al mismo tiempo con realismo si he logrado lo que buscaba?"




  10. "El trabajo creativo es muy duro, y algún tipo de autoengaño resulta necesario, aunque solo sea para ponerse manos a la obra. Para empezar, debes creer que aquello que acometes va a salir bien. ¡Y ocurre tan a menudo que no es así! He hablado con novelistas, directores de orquesta, pintores... De modo infalible, todos admiten que el autoengaño es importante en su trabajo. Quizá una expresión mejor sea «creer en lo que haces». Pero yo tiendo a ser un poco más cínico, y lo llamo «autoengaño»"




  11. "No permitas que las dificultades que tuviste que superar para lograr un plano te hagan pensar que es bueno. Nadie del público sabrá nunca, en la película definitiva, que te llevó tres días iluminarlo, o que necesitaste diez personas para mover la cámara, las paredes o lo que sea."
    "...el fondo de la cuestión a la que me enfrento desde el momento en que decido dirigir una película: puedo equivocarme. ¿Y qué? Correré el riesgo. Los críticos nunca lo hacen. Ni le público, si descontamos los ocho´dólares que cuesta la entrada (...) ¿Y qué pasa si acierto? Entonces puede que haga otra películ. Lo que me dará otra oportunidad de acertar o equivocarme. Y de dedicarme, una vez más, al mejor trabajo del mundo."




Todas las citas están extraídas del libro "Así se hacen las películas" de Sidney Lumet, Ediciones RIALP, S.A., Madrid 2004.

viernes, 17 de octubre de 2008

Antes Que El Diablo Sepa Que Has Muerto. El Martes 21 a las 21 h en los Multicines Benavente

Una magnífica película de Sidney Lumet que el Cineclub Fetiche presenta a los espectadores de Benavente y comarca.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Aforo completo. Última hora: Otra vez "Los girasoles ciegos"


El miercoles 15 de octubre a las 21 h se volverá a proyectar la película de Jose Luis Cuerda "Los girasoles ciegos". El martes se llénó el cine, aforo completo, y vendimos entradas para el siguiente día. Estais invitados. Un cordial saludo. os esperamos

domingo, 12 de octubre de 2008

Verdú trabaja por primera vez a las órdenes de Jose Luis Cuerda con un guión de Rafael Azcona






La otra vida de 'Los girasoles ciegos'
Cuerda adapta el libro del fallecido Alberto Méndez en torno a la Guerra Civil (ROCÍO GARCÍA El País. Madrid. 22/10/2007)

"Bajo la represión, todas las historias de amor son imposibles. La represión convierte a todos en víctimas. A los acosadores, porque los convierte en alimañas; a los acosados, porque los convierte en despojos". Maribel Verdú tiene escrito a lápiz en su copia de guión este apunte, uno de tantos, que le trasladó José Luis Cuerda para encarar el rodaje de Los girasoles ciegos, el sobrecogedor libro con el que Alberto Méndez obtuvo el Premio Nacional de Narrativa y el Premio de la Crítica de forma póstuma.

Tiene la actriz otra anotación, ésta de cosecha propia, que es el final de un poema de Antonio Machado: "Sólo recuerdo la emoción de las cosas y se me olvida todo lo demás. Muchas son las lagunas de mi memoria, pero más los recuerdos de mi historia".
Los girasoles ciegos camina por la derrota moral de los vencidos, los de la Guerra Civil española, a través de cuatro historias de horror y desolación, cuatro relatos para avivar la memoria contra el olvido de los perdedores. Acaba de terminar la contienda y son años de represión y dolor, de miedos, de valores pervertidos. "Es un retrato de cómo los sentimientos se corrompen con la represión", asegura José Luis Cuerda, autor junto a Rafael Azcona del guión del libro.
Sabe Cuerda que está ante un relato duro y triste. "La vida es así, triste, aunque con momentos cojonudos que debemos acumular. Es verdad que lo que narra la historia no es risible, pero sí gratificante por lo que tiene de conocimiento de la entraña humana. La observación del dolor ajeno siempre es dolorosa, pero el acceso a las verdades es altamente gratificante. Soy partidario de la excitación", añade este realizador, apasionado de las historias de moral difícil y del cine alejado del espectáculo y los fuegos artificiales.
En el pasillo de ese edificio madrileño se palpa la felicidad del director, inoculada en el resto del equipo, pero también la tristeza. La tristeza de una despedida que se intuye definitiva. Es un pasillo largo, con libros a ambos lados, casi en penumbra, con el único balconcillo resguardado del exterior por unas cortinas blancas. Se intuye la luz, pero nadie te puede ver desde fuera. En el zaguán de una puerta aparece Ricardo (Javier Cámara) en pijama y batín de pana marrón; también zapatillas de fieltro. Su rostro muestra el dramatismo del momento. Abrazará a su hija Elenita (Irene Escolar) por última vez. Está embarazada de ocho meses, y Elenita y su novio Lalo (Martín Rivas) escapan al exilio. Nunca más volverán a verles. Ni su padre, ni su madre Elena (Maribel Verdú) ni su hermano pequeño. Todos lo saben y todos hacen como que no lo saben. Guardan las apariencias, y más que nadie la madre. Delgada, con una melena corta, elegante, vestida con sencillez, falda negra, camisa de seda clara y chaqueta de lana gris, da el último adiós a esa hija de 17 años que, con una maleta y una manta, inicia una huida imposible en busca de algo mejor.
Cuerda le debía una a Maribel Verdú. Es la primera vez que trabajan juntos, pero la actriz ya lo había intentado hace muchos años cuando el realizador preparaba el casting de su película Mala racha. "Fui con mi madre a presentarme a las pruebas. No me cogió porque dijo que era demasiado guapa", recuerda la actriz en un descanso del rodaje, en una habitación con vistas al Retiro de Madrid, frente al estallido de colores otoñales de los árboles. "Es verdad, era demasiado guapa", corrobora poco después Cuerda. Ahora, al contrario, ha ido buscando esa belleza poderosa pero delgada y frágil. Con caderas postizas bajo la falda negra, Verdú tenía el libro de Los girasoles ciegos lleno de apuntes y subrayado cuando le llamó Cuerda. Era el regalo favorito que en 2005, cuando se publicó el libro, hizo a muchos de sus amigos. "Es una historia conmovedora, real. Una historia de amores imposibles, de una mujer que tiene un marido que ni la ve, ni la toca, y cómo ve la destrucción de su vida. Yo necesito cine terrenal", explica la actriz, que ha encontrado en José Luis Cuerda esa complicidad emocional que tanto busca a la hora de trabajar.
El atuendo doméstico de Javier Cámara le señala como lo que es en Los girasoles ciegos: un muerto en vida, un profesor comprometido y cobarde. "Soy firme partidario de la cobardía", asegura. "Es un hombre metido en un cajón, acosado por la policía, del que su hijo niega su existencia, y con una mujer que sostiene una extraña relación con un diácono", comenta el actor.
"Con este proyecto hay que ir hasta el final. No hay juego, es todo pura realidad". Se cierra el batín de pana para sentarse en la cama que amuebla una habitación. La cama del fantasma.
 
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