lunes, 25 de enero de 2016

Man on Wire, martes 26 de enero a las 21h. en los Multicines Benavente


Una de las características más interesantes de “Man on wire” es su juego con los códigos de un género de tanta tradición cinematográfica como el del robo perfecto, aquel que se detiene en pormenorizar el reclutamiento de la banda, los preparativos, el desarrollo y las consecuencias de un atraco a un banco, estafa o asalto a algún lugar inexpugnable. Al fin y al cabo, eso fue lo que hizo el grupo encabezado por Philippe Petit y sus secuaces, un plan aparentemente descabellado con el objetivo de conseguir tender un cable entre las Torres Gemelas para que el funambulista francés se paseara de un lado a otro, a más de cuatrocientos metros de altura. Una locura sin aparente repercusión material (aunque el hecho convirtió a Petit en una celebridad mediática que puso en cuestión su faceta más bohemia), pero a la que se apuntaron con entusiasmo unos compinches que tuvieron que discurrir cómo superar las draconianas medidas de seguridad de unos edificios ya emblemáticos desde el momento de su construcción.  Desde esta perspectiva, hay que reconocer que el documental funciona a la perfección: dosificando la intriga, los intentos fallidos, planteando las reuniones y disensiones, las dificultades que se iban añadiendo a un proyecto que constantemente se empeñaba en hacer evidente su imposibilidad. El espectador permanece expectante y preguntándose, más que “si” lo conseguirán (la mayor parte del público ya sabrá la respuesta), el “cómo” lo harán. Y es en ese retrato colectivo de una colección humana bastante pintoresca donde más empatiza con nosotros, haciéndonos partícipes de una locura que sólo fue posible por el prodigioso carisma del funambulista. Sin embargo, quien quiera asomarse más a la verdadera personalidad de Philippe Petit, conocerle de cerca, tendrá que buscar en otro lugar. De hecho, apenas se nos dan datos de cómo se convirtió en artista del alambre y malabarista, tan sólo lo imprescindible de sus hazañas anteriores en Notre Dame y Sidney. Y es en ese ámbito desatendido donde el documental podría haber ido más allá de la simple ilustración para indagar en la raíz de empresas como esta, aparentemente sin sentido, pero profundamente entroncadas con un empeño tan humano como el de cuestionar constantemente los límites. Tan sólo unos apuntes en el tramo final, y la sugerencia de cómo el éxito rompió el hechizo en el que todos habían vivido, ofrecen alguna pista de lo que el material habría podido dar de sí. Pero lo que no se puede negar es que una película como “Man on wire” debería ser suficiente para acallar a quienes consideran que el género documental, híbrido o no, es ajeno al entretenimiento. Seguro que ese es el valor principal por el que los académicos estadounidenses le concedieron el Oscar® en la última edición. Ahora bien, uno no puede evitar preguntarse qué maravilla habría podido hacer alguien como Werner Herzog con el mismo material.

 

viernes, 8 de enero de 2016

lunes, 14 de diciembre de 2015

"La canción del mar" de Tomm Moore, el martes 15 de diciembre a las 21h. en los Multicines Benavente





Ficha técnica y artística






Título: La canción del mar
Título original: Song of the Sea
Dirección: Tomm Moore
País: Francia, Dinamarca, Bélgica, Irlanda, Luxemburgo
Año: 2014
Duración: 93 min.
Género: Familiar, Animación, Fantástico
Calificación: Apta para todos los públicos
Reparto: Brendan Gleeson, Fionnula Flanagan, Pat Shortt, Jon Kenny
Distribuidora: Karma Films
Productora: Cartoon Saloon
Dirección: Tomm Moore
 



 

 

 

 

 

 

 

 

Magia eterna, por Jordi Costa

Tomm Moore confirma que es un autor de marcada identidad estética

En El secreto del libro de Kells (2009), debut en la dirección de largos de Tomm Moore y Nora Twomey, se contaba la historia de la salvación de un manuscrito iluminado, haciendo uso de un preciso estilo de animación bidimensional que ignoraba las leyes de la perspectiva para sintonizar, de manera muy imaginativa, con los modos de representación medievales. Su trama, que apoyaba su tensión en la transmisión de la Cultura, tampoco era la materia habitual que suele explotar el cine de animación dominante. Ahora, Moore dirige en solitario otra gema única –La canción del mar- y confirma que en él no sólo hay un autor de marcada identidad estética, con muy singulares intereses temáticos, sino también el más humilde y creativo foco de resistencia a la hegemonía estética de la animación Pixar.

El folklore irlandés que rodea al mito de la selkie –la foca que puede adoptar aspecto humano, tema que ya exploró John Sayles en su sensible El secreto de la isla de las focas (1994)- sustenta en La canción del mar un maduro discurso sobre la necesidad de asumir el dolor. La película es, al mismo tiempo, aventura infantil y hábil trenzado de leyendas: un discurso intrincado que se encarna en una deslumbrante sucesión de imágenes con espíritu de ilustración de libro de cuentos en movimiento. La estética de Moore tiene su fortaleza en el diseño de espacios y personajes: las sorpresas son constantes, pero en ningún momento se fuerza la sutil coherencia interna de este mundo de líneas que sobrexcitan la capacidad de interpretación formal del espectador, mientras luz y color crean armónicas corrientes de dinamismo en el plano. La capacidad del cineasta para encontrar una perfecta traducción visual a cada idea poética –el ermitaño cuyos pelos de barba y melena son historias mágicas, las tormentas encerradas en frascos en la guarida de la Bruja Búho- sublima esta historia presidida por un gigante petrificado en un océano de lágrimas.

 

El canto del selkie

El joven Ben culpa a su hermana pequeña, Saoirse, de la desaparición de su madre, de la que recuerda especialmente que cuando era muy pequeño le cantaba canciones de leyendas tradicionales. Ambos niños viven con su padre en el faro sobre un acantilado de una pequeña isla, hasta que la abuela, preocupada por su seguridad junto al mar, se los lleva consigo a la gran ciudad. Cuando Ben escapa para buscar a su perro, al que han dejado atrás, Saoirse le sigue, lo que supone el inicio de una aventura durante la que descubrirán que la chica es un selkie, hada del mar cuyo canto puede liberar a unos seres mágicos cautivos de una bruja. Primer largometraje en solitario de Tomm Moore, tras rodar uno de los fragmentos de Kahlil Gibran's The Prophet, y codirigir con Nora Twomey la sorprendente El secreto del libro de Kells, con la que Song of the Sea guarda muchos puntos en común, sobre todo su tono, propio del realismo mágico. Aquí se ha buscado aposta un público más amplio y familiar, sin que ello implique infantilizar demasiado la historia, en el sentido de muchas producciones que confunden público infantil con falta de inteligencia. De nuevo, el cineasta echa mano de sus dibujos, aparentemente simples, pero encantadores, que se mueven mediante una animación tan sencilla como eficaz. Sus personajes destilan una  enorme humanidad y originalidad, especialmente el perro de los protagonistas. En casi todos los diseños se repiten los círculos, lo que recuerda constantemente a los símbolos celtas. Basándose en fascinantes relatos del folclore que conocerán sobradamente en Irlanda, pero que se hacen completamente accesibles al público profano, Moore habla a los espectadores de cualquier edad de la pérdida de los seres queridos. Aporta una moraleja inteligente sobre la importancia de cada miembro de la familia, incluso de aquellos hermanos o hermanas que a primeras pueden provocar rechazo, o a los que se culpa muchas veces injustamente de situaciones que no han provocado. Emotiva e intensa, especialmente en su tramo final, Song of the Sea se engrandece gracias a la partitura de Bruno Coulais. De nuevo a las órdenes del realizador, también aquí le saca partido a los reconocibles sonidos de la música irlandesa.

domingo, 22 de noviembre de 2015

LEVIATÁN, el martes 24 de noviembre, a las 21h. en los Multicines Benavente



Leviatán (en ruso: Левиафан, Leviafan) es una película rusa de 2014 dirigida por Andréi Zviáguintsev, coescrita por Zviáguintsev y Oleg Negin, y protagonizada por Aleksei Serebryakov, Elena Lyadova y Vladimir Vdovichenkov. La película es una reconstrucción moderna del Libro de Job, ambientada en una península en el Mar de Barents y cuenta la historia de un hombre que lucha contra un alcalde corrupto que quiere su pedazo de tierra.

La película fue nombrada mejor película del 45.º Festival Internacional de Cine de la India, seleccionada para competir por la Palma de Oro en la sección principal de la competencia en el Festival de Cine de Cannes 2014, donde Zvyagintsev y Negin ganaron el premio al mejor guión. Fue nominada y ganó el premio a la mejor película en lengua no inglesa en los Premios Globo de Oro 2014 y también fue nominada en la misma categoría en los Premios Óscar 2014.

Reparto


"Leviathan", la película de los Oscar que el gobierno de Putin no quiere que vea Occidente

El gobierno de Moscú otorgó subvenciones para que la película "Leviathan" ("Leviatán", en español) pudiera rodarse y un comité nacional de cineastas la seleccionó para que representara a Rusia en los premios de la Academia de Hollywood.

 Pese a ello, la cinta del director siberiano Andréi Zviáguintsev, que este domingo aspira a llevarse el Oscar al mejor filme de habla no inglesa, ha desatado una gran controversia en su país de origen. Altos funcionarios de la administración de Vladimir Putin y representantes de la iglesia ortodoxa han asegurado que se trata de una película "antirrusa".

lunes, 16 de noviembre de 2015

"Nuestro último verano en Escocia" de Andy Hamilton y Guy Jenkin, el martes 17 de noviembre a las 21h. en los Multicines Benavente

 
 
 
Ficha técnica y artística
Película: Nuestro último verano en Escocia. Título original: What We Did on Our Holiday. Dirección y guion: Andy Hamilton y Guy Jenkin. País: Reino Unido. Año: 2014. Duración: 95 min. Género: Comedia dramática. Reparto: David Tennant, Rosamund Pike, Billy Connolly, Ben Miller, Celia Imrie. Distribuidora: A Contracorriente Films. Estreno en España: 29 Mayo 2015.
Sinopsis
Una joven pareja de Londres recién separada ha de ir con sus hijos a Escocia para celebrar el cumpleaños del abuelo enfermo. Para no disgustarle, la familia decide simular que todo es armonía.

 

 

ODÍN Y LOS SERES RIDÍCULOS
El último verano en Escocia es la excepción a la Ley de Murphy: aquí todo lo que podía salir mal sale bien, desde los actores (inmensos todos, con especial mención a unos niños que desprenden naturalidad y soltura en cada fotograma) hasta un guión que consigue la proeza de hacer parecer nuevo lo ya visto, plagado de diálogos y situaciones que convierten la cinta en una deliciosa fiesta que no quieres perderte. Una excentricidad calculada  sobrevuela el metraje sin distanciar al espectador del núcleo más humano de la historia, que en ocasiones se posiciona cercana a la amargura, a ese “mundo de los adultos” que supone el contrapunto a la inocencia infantil.
Si el secreto de una buena comedia radica en sus personajes, la película de Andy Hamilton y Guy Jenkin las tiene todas de su lado para resultar, como mínimo, atractiva. La niña pequeña es amiga de una piedra y un bloque de hormigón, el niño mediano es un fanático de la mitología vikinga y la reza al dios Odín, y la niña mayor lleva siempre a cuestas una libreta donde anota los sucesos del día a día para llevar la cuenta de las mentiras que se cuentan y no concurrir en contradicciones. Los padres de estos peculiares infantes son un hombre (David Tennant) infiel capaz de quedarse dormido al volante y una mujer (Rosamund Pike) con un genio desbordante. El tío (Ben Miller) es un hombre de negocios estirado demasiado preocupado por las apariencias y la tía (Amelia Bullmore) es una neurótica que protagoniza un vídeo de Youtube con más de cuatro millones de visitas, en el que aparece sufriendo un ataque psicótico en un supermercado y lanzando todo lo que pilla a otra compradora. Y el abuelo, el siempre magnífico Billy Connolly, es un hombre moribundo que en sus últimos días parece haber descubierto que, en el fondo, todos somos seres ridículos colocados en este mundo sin más misión que la de hacer la vida agradable para nosotros mismos y para los demás.
No es, desde luego, una película de arte y ensayo, pero es perfecta si lo que buscas es evadirte en una vorágine de violines, funerales vikingos y avestruces. Una comedia mayúscula con actores exageradamente buenos. Si le das un trago, querrás la botella entera. No-Os-La-Perdáis.
Los niños impredecibles. Por Javier Ocaña
 

Entrevista a Andy Hamilton y Guy Jenkin, directores de ‘Nuestro último verano en Escocia’

publicado por Kevin Loughlin Ramirez
Farrucini: Por lo que se puede ver en la película, parece que trabajar con los niños fue un placer ¿Fue de verdad tan fácil?
Andy Hamilton: Sí, eran encantadores, fue un placer trabajar con ellos. Todo el mundo dice que es difícil trabajar con niños y animales, pero los niños fueron fantásticos y no tuvimos ningún problema, y creo que se lo pasaron muy bien. Para ellos fue como una especie de vacaciones extrañas y curiosamente se han hecho muy amigos y se siguen viendo, y sus familias también. Creo que se divirtieron mucho estando juntos y esa diversión y ese sentimiento que tienen estando juntos se traspasa a la película, se ve y eso es realmente una ventaja.
Guy Jenkin: La única dificultad es la reglamentación sobre las horas que pueden trabajar, solo les permite trabajar 5 horas al día, que está bien, pero esto implica, en cierto modo, mayor dificultad para los otros actores, hacía falta mucha generosidad por su parte porque los niños vienen al plató y rodamos todo mirándoles a ellos y luego tenían que desaparecer e irse a jugar, a descansar, entonces David (Tennant) y Billy (Connolly) seguían haciendo sus escenas con nosotros, nosotros  tomábamos el puesto de los niños, así que nos teníamos que sentar en el suelo pretendiendo ser niños de 5 años (risas). Así que también para los mayores fue bastante difícil pero fueron generosos, muchas veces les animaban a que hablaran, así que los adultos ayudaron para que todo funcionara.


 
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