martes, 12 de agosto de 2014

"La novia de Frankenstein" de James Whale, 1935. Hoy en los Ábsides de San Juan a las 22h. Ciclo de cine de Verano.


La Novia de Frankenstein es una gran película por muchos motivos. Por empezar, posee un singular necrohumor (por ejemplo el Dr. Pretorius cena sobre un ataúd en el cementerio), y una espeluznante escenografía e iluminación que aportan un sentimiento gótico (y por ende tenebroso) a todo cuanto se muestra (el laboratorio, el castillo, el bosque o el pueblo semi-rural). Además, la moraleja que aporta es interesante: un monstruo es tal cuando es rechazado por el resto de los seres humanos. Esta enseñanza surge de ver el patético peregrinar de la criatura, marcada por el rechazo colectivo, por su propia soledad y por el desamparo en que lo deja su propio creador, referencias lejanas a Jesucristo (especialmente en la escena en que el populacho atrapa al monstruo y lo ata a un poste con los brazos extendidos, como si estuviera crucificado). El monstruo solo se ve aceptado por un ermitaño ciego que no tiene con quien conversar (escena que promueve la piedad del público, si es que este no ha visto la carnavalesca versión de Mel Brooks de 1974). Pero ¿cómo no lo van a rechazar si su rostro es feo? De esto parece darse cuenta cuando se observa en el espejo que forma el agua del lago, y, acto reflejo, agita el agua con su mano para no torturarse más. El filme nos enseña que los monstruos son encerrados y recluídos, cuando no, se los exhibe en circos como el de la película FREAKS (Fenómenos-1932) o en el show de KING KONG (1933). En este caso o en el de King Kong, los monstruos deben ser destruídos. Las causas pueden ser de dos órdenes: en King Kong el monstruo lucha por la libertad en un lugar que no es el suyo. En La Novia de Frankenstein el monstruo evoluciona mental y espiritualmente hasta que concluye que tanto Pretorius como la novia como él están “muertos ya hace mucho”. El final es por lo tanto la autodestrucción, lo que significa paralelamente la autorredención. Es interesante la casi abusiva recurrencia a la frase "¡It's Alive!". A lo largo del metraje, casi todo el reparto "Está vivo": Primero, Elizabeth exclama tal frase con respecto a Henry, cuando da indicios de despertar de su inconciencia; más tarde el propio Henry dice lo propio con respecto a Elizabeth, cuando escucha su voz por el teléfono; lo mismo dirá del monstruo; finalmente, es Pretorius que exclama, a coro con Frankenstein, “¡Está viva!” observando a la criatura que es el cadáver reanimado de una mujer sometida a los rayos estelares y a las costuras que acaba de despertar y lanza repetidas miradas de desconfianza a través de unas vendas que le cubren toda la extensión de su cuerpo. “¡La novia de Frankenstein!” apunta jolgorioso Pretorius. Pero la singular autómata de pelo electrizado (a causa de la tormenta de rayos que le dio la vida), canas prematuras y lengua bífida, nada quiere saber con aquel que la ha solicitado como compañera. La riqueza de La Novia... no se termina con la trama, están también los personajes. Ahi tenemos a Pretorius (interpretado por Ernest Thesiger), quien acude a la mansión de los Frankenstein para persuadir a Henry de buscar juntos los secretos de la inmortalidad. Nunca más la saga Universal de Frankenstein tendrá un villano secundario tan rico e importante. Pretorius le muestra a Henry los resultados de su investigación a lo largo de los años, que son unos seres en miniatura que están guardados en campanas de cristal. Pretorius se pone una especie de quipá cuando trae el baúl que contiene estos seres. ¿Fueron confeccionados a través de la ciencia o con la magia negra? Esto es lo que se pregunta Henry al ver a los pequeños homúnculos, que tienen forma de rey, de una reina, de una bailarina, una sirena, un arzobispo... Ciertamente la imagen de Pretorius en esta secuencia inolvidable es más lejana del académico que supuestamente era que de un Mephistófeles (y ahí la conexión con el Fausto de Goethe, con el tema de los homúnculos y la tentación en superar a Dios). Elegida usualmente como la mejor película de terror de la historia, La Novia de Frankenstein es con certeza una excelente coincidencia, la de numerosos talentos, tanto frente como detrás de las cámaras, que tiene como resultado el logro de una obra maestra, que en virtud de su extravagancia macabra, encuadra no solo en el género terrorífico sino en la comedia negra.
 
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