sábado, 21 de abril de 2007

"Quinceañera", Martes 24 a las 21 h.




"Quinceañera": tensiones sexuales y clasistas en un barrio latino de Los Ángeles El Cine-Club Fetiche de Benavente les presenta el próximo martes 24 a las 21 h. en los Multicines Benavente "Quinceañera", una película escrita y dirigida por Richard Glatzer y Wash Westmoreland
Esta película ha logrado cierta repercusión dentro del circuito independiente después de haber ganado el Premio de la Audiencia y el Gran Premio del Jurado en el último Festival de Sundance, además de estar presente en los Independent Spirit Awards de este año como candidata al Premio John Cassavetes. Quinceañera", que está interpretada por actores en su mayoría debutantes o con una corta trayectoria, se centra en las tensiones raciales, clasistas y sexuales de un barrio latino en transición, y lo hace a través de la historia de Magdalena (Emily Ríos), la hija de un mexicano afincado en Estados Unidos que dirige una iglesia en una zona comercial en Echo Park, Los Angeles. Cuando Magdalena se queda embarazada poco antes de su decimoquinto cumpleaños, no tiene más remedio que refugiarse en casa de su tío abuelo Tomás (Chalo González), quien también ha acogido a Carlos (Jesse García), el primo de Magdalena, al que sus padres han echado por sus tendencias homosexuales.
FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA:
Dirección: Richard Glatzer y Wash Westmoreland.
Países: Estados Unidos.
Año: 2006.
Duración: 90 min.
Interpretación: Emily Ríos (Magdalena), Jesse García (Carlos), Chalo González (Tomás), J.R. Cruz (Herman), Araceli Guzmán-Rico (María), Jesús Castaños-Chima (Ernesto), Jason L. Wood (James), David W. Ross (Gary), Lisette Avila (Jessica), Johnny Chavez (Walter).
Guión: Richard Glatzer y Wash Westmoreland.
Producción: Anne Clements.
Producción ejecutiva: Nick Boyias, Todd Haynes, Mihail Koulakis y Avi Raccah.
Música: Micko y Victor Bock.
Fotografía: Eric Steelberg.
Montaje: Robin Katz.
Diseño de producción: Denise Hudson y Jonah Markowitz.
Dirección artística: Lisa Marinaccio.
Vestuario: Jessica Flaherty y Andrew Salazar.
Decorados: Laura Paddock.
Reseña de la película
La 'Quinceañera' es una celebración tradicional mexicana. Proveniente de la civilización azteca, el ritual marca el paso de niña a mujer a los 15 años, cuando se organiza una fiesta en la que toda la familia y los amigos de la homenajeada participan. En la actualidad se alquilan limusinas, todas las chicas se visten de rosa, los chicos disimulan su juventud bajo un esmoquin y los bailes posteriores pasan de los tradiconales valses al furioso 'reaggetón'. Cuando los vecinos mexicanos de los directores Richard Glatzer y Wash Westmoreland les invitaron a la Quinceañera de su hija, ambos vieron en ese arcaico festejo el guión perfecto para una película que retratara a la comunidad hispana de Los Ángeles. Tras 18 días de rodaje y una posproducción que duró apenas unos meses, la cinta se alzó con los premios a la Mejor Película Americana de Ficción y del Público en el Festival de Sundance. Echo Park es una zona comercial de Los Ángeles, un barrio con un notable acento latino que empieza a ser habitado por una nueva burguesía de artistas que no puede pagar los abusivos precios de Beverly Hills. Además, es el escenario principal de Quinceañera. Sus aceras, sus casas e incluso sus vecinos, aun no siendo actores profesionales, juegan un importante papel en esta producción. Pero si hay una protagonista en esta historia, ésa es Magdalena (Emily Ríos). Ella es la hija de un pastor mexicano afincado desde hace años en el vecindario. Lleva meses preparando su Quinceañera, luchando contra las restricciones de su exigente padre, hasta que se entera de que está embarazada. La noticia cae como una bomba en la familia y, pese a que Magdalena proclama que sigue siendo virgen, se ve obligada a refugiarse en casa de su tío abuelo Tomás (Chalo González, habitual del cine de Pekinpah) y convivir con él y con su primo Carlos (Jesse García), un joven al que sus padres también han rechazado por ser homosexual.Juntos conviven en el escaso espacio de una habitación situada en el jardín de un edificio adquirido por una acaudalada pareja gay. Los directores de la cinta (que ya habían colaborado para rodar The Fluffer), viven desde 2001 en Echo Park. Inspirándose en algunos filmes del Free Cinema inglés de los años 50 y 60, sobre todo en Un sabor a miel de Tony Richardson, han utilizado técnicas documentales para reflejar la vida del barrio: "Deseábamos hacer una película que celebrara la vida diaria, que tratara de las cosas pequeñas que crecen gradualmente". El crecimiento del barrio y de la joven Magdalena, el desarrollo de las tensiones raciales, sexuales y sociales e incluso la especulación inmobiliaria tienen cabida en una cinta que da voz a los integrantes de la comunidad latina, cada vez más numerosa e influyente en EEUU.Por Ismael Marinero.
Curiosidades

Dirige Richard Glatzer y Wash Westmoreland (Leeds, Reino Unido, 1966). Glatzer ha sabido establecerse como cineasta independiente al tiempo que produce algunos de los telefilms estilo “reality” de mayor éxito. Obtuvo un doctorado en Literatura Americana por la Universidad de Virginia y publicó una aclamada colección de ensayos acerca de Frank Capra. Para televisión, se ha ocupado de Los Osbournes, Road Rules y Tough Enough. Con Tyra Banks y Ken Mok creó el famoso programa America’s Next Top Model, ahora en su sexta temporada. Juega en el torneo de bridge “Life Master”. Su filmografía se completa con Grief (1993) y The fluffer (El estimulador) (2001).

Wash Westmoreland ha realizado aclamados documentales y programas de televisión. En 2004 se despojó de sus afinidades políticas para documentarse, escribir y dirigir una película acerca de los atormentados gays republicanos. El documental fue galardonado con el Premio del Público al Mejor Documental en el Festival AFI. Se licenció en Ciencias Políticas en la Universidad de Newcastle-upon-Tyne antes de trasladarse a Estados Unidos. En 1994, cuando vivía en Nueva Orleans, realizó un corto, Squishy Goes Porno, que se convirtió en película de culto de forma instantánea. Después se mudó a Los Ángeles para trabajar en la industria cinematográfica. En 2000 codirigió su primer largo con Richard Glatzer, The fluffer (El estimulador), basado en sus observaciones de dicha industria. Como actor, con el nombre de Wash West, se le ha podido ver en Velvet goldmine y Hustler white.
Está protagonizada por la debutante Emily Ríos y Jesse García, al que actualmente se le ha podido ver en las series The Shield: al margen de la ley, Unfabulous y Walkout.
Se escogió a muchos actores no profesionales, como Alicia Flamenco (tía Isabella), una asistenta y vieja amiga de los realizadores, que demostró tener un don natural delante de la cámara. Además, trajo a toda la familia, su hija Marlene (hace de joven madre), su nieto Jasiel (el hermano de Magdalena), su hermana Bertha (tía Sandra) y su sobrina Mercia García.
La idea era trabajar deprisa, barato y rodarlo todo en un radio de 1,5 km de su casa. Y fue posible gracias al increíble apoyo que les prestó la comunidad latinoamericana. Les dejaron sus casas, volvieron una y otra vez para trabajar de figurantes, les dejaron vestidos de Quinceañera, cocinaron para ellos y se esforzaron en todo.
Es una reivindicación de los dramas “kitchen sink” (dramas de cocina) basada en las tensiones raciales, de clase y sexuales de un barrio latino obrero en plena transición. Los dramas “kitchen sink” nacieron en Gran Bretaña a finales de los cincuenta y principios de los sesenta. Eran películas adultas muy realistas, con comentarios políticos y humor sardónico. Siempre transcurrían en el norte de Inglaterra, bastión de la clase trabajadora industrial.
El director de fotografía es Eric Steelberg quien empezó rodando en blanco y negro. Rodó su primer corto, ganador de varios premios internacionales, cuando tenía 16 años. Prefirió la Universidad a la Escuela de Cine y se ocupó de la fotografía de varios cortos mientras acababa sus estudios.
La banda sonora está compuesta por Micko y Victor Bock, que no habían colaborado previamente. Micko es más conocido como The Bowling Green, nombre con el que ha publicado dos CD, One Pound Note y Fabrications. Diseñó la banda sonora de The fluffer (El estimulador) y Gay Republicans, ambas dirigidas por su hermano Wash Westmoreland, e interpretó a Hack Fairy en la película Velvet goldmine. Victor Bock es un conocido productor musical brasileño.
Consiguió el Gran Premio del Jurado y el Premio del Público en el Festival de Cine de Sundande y fue candidata al Premio John Cassavetes de los Independent Spirit Award.
Se presentó en el Festival de Cine de Gijón.
Está producida por Cinetic Media y Kitchen Sink Entertainment LLC, con un presupuesto que ascendió a cuatrocientos mil dólares.
El rodaje duró 18 días y transcurrió durante el mes de abril de 2005. En septiembre la película estaba terminada. Claramente, una serie de personas y de circunstancias se pusieron de acuerdo para que fuera posible. Se rodó en el mismo barrio donde los directores viven, en Echo Park, de Los Ángeles.

viernes, 13 de abril de 2007

MOOLAADÉ, MARTES 17


El Cine-Club Fetiche se complace en presentarles una película de Ousmane Sembene, El Martes 17 de abril a las 21 h en los Multicines Benavente.


SINOPSIS

Collé Ardo (Fatoumata Coulibaly), la segunda esposa de un hombre de poco carácter, todavía se resiente de los efectos de la purificación o ablación que sufrió de niña.
Siete años atrás rehusó que su tercera hija, la única que ha sobrevivido, fuera sometida al ritual por el que debe pasar toda mujer si quiere casarse. Hoy, varias niñas y adolescentes deben pasar por el ritual, pero seis de ellas se escapan.
Dos se van a la ciudad y las otras cuatro evocan la “moolaadé” (protección) de Collé cuyo marido está de viaje. Collé acoge a las jóvenes en su casa dividiendo así a la comunidad entre dos poderosos valores tradicionales. Por una parte, los defensores de la ablación (la salindé) empeñados en celebrar el ritual a toda costa y, por otra, el respeto a la sagrada protección (la moolaadé ) que no se levantará mientras Collé no pronuncie las palabras rituales.
Amsatuou (Salimata Traoré), la hija de Collé, ya está en edad de casarse y la pretende el hijo de un hombre de negocios, de ideas liberales que divide su tiempo entre París y la aldea. El novio está a punto de llegar y deberá decidir si se une a los seguidores de la protección, que son algunas madres y unos pocos hombres más abiertos que el resto, o si apoya a su padre y a los demás ancianos. Hasta la fecha, ningún hombre se ha atrevido a casarse con una mujer no purificada.

FICHA ARTÍSTICA

FATOUMATA COULIBALY Collé Ardo Gallo Sy
MAÏMOUNA HÉLÈNE DIARRA Hadjatou
SALIMATA TRAORE Amsatou
AMINATA DAO Alima Bâ
DOMINIQUE T. ZEIDA El mercader
MAH COMPAORE Mujer encargada de la ablación


FICHA TÉCNICA

OUSMANE SEMBENE Guión y Dirección
DOMINIQUE GENTIL Fotografía
DENIS GUILHEM Sonido
BONCANA MAÏGA Música
ABDELLATIF RAÏSS Montaje
JOSEPH KPOBLY Decorados

Senegal – 1 h 57 – 35 mm – Color – Dolby SR – 1:66


PALMARÉS

Treinta años después de que Ousmane Sembene, acudiera a Cannes por primera vez con la película Ceddo, se ha hecho con el premio “Una Cierta mirada 2004” con su última película, MOOLAADÉ, un largometraje africano de bella factura que se opone a la antigua práctica de la ablación.
Sembene se enorgullece de haber realizado la primera película producida en el continente africano, La noire de... (Muchacha negra), ganadora del Premio Jean-Vigo en 1966. En su dilatada carrera, ha sido galardonado por los festivales de Locarno, Venecia y Cannes entre otros.
“No sé por qué ruedo, pero todo un pueblo vive en mi interior y siento que debo dejar un testimonio de la época en la que vivo”.
Hace cuarenta años que Ousmane Sembene empezó a dejar testimonios. La juventud y las convicciones que le animan hacen que quiera seguir haciéndolo.


EL DIRECTOR

Ousmane Sembene nació en 1923 en Ziguinchar, un pueblo de Senegal. Llamado a filas por el ejército colonial francés, ingresó en el cuerpo de Tiradores Senegaleses en 1942. Embarcó clandestinamente en 1946 para ir a Francia donde trabajó como mecánico, estibador, albañil. Empezó a escribir a mediados de los años 50. Cuando empezó a interesarse por el cine, pensó en la posibilidad de llegar a más gente; su cine lo define como algo “político, polémico y popular”. En 1966 dirigió La Noire de... (Muchacha negra), el primer largometraje realmente africano del continente. Le seguirán numerosas películas, verdaderos testimonios del África contemporánea. . En 1999 rinde homenaje a la mujer africana con la película Faat Kiné, la primera entrega de la trilogía llamada “Heroísmo cotidiano”; Moolaadé es la segunda entrega. La tercera, La confrérie des rats (La cofradía de las ratas) está en preparación.


OUSMANE SEMBENE HABLA DE MOOLAADÉ

Hay dos palabras clave para comprender su última película, “moolaadé” y “salinde”, ¿puede explicárnoslas?
“Moolaadé” es una vieja palabra “pulaar” cuyo equivalente existe en “mandinga”y en “wolof”. Expresa la noción de derecho de asilo. El “moolaadé” es la protección que se da a alguien que huye. Se nos ha transmitido por tradición oral a través de los cuentos, las historias, las leyendas y los enigmas que se cuentan de generación en generación. En la película, unas niñas a punto de pasar por el ritual de la ablación piden ayuda a Collé Ardo, conocida por su rechazo a la práctica ancestral.
El “moolaadé” es una convención oral con valor jurídico reconocida por todos desde tiempos inmemoriales. Sus reglas, leyes y decretos están grabados para siempre en la conciencia. Portador de presagios funestos, ningún hombre, mujer o niño se atreve a ignorarlo. Sólo el castigo público del poseedor del “moolaadé” permite alejar la amenaza.
En cuanto a “salindé” es una palabra “sarakole” o “mandinga” que significa la ablación de las niñas para purificarlas. Es una ceremonia ritual muy anclada en las costumbres. La “salindé” es un gran acontecimiento en la vida de una mujer y suele tener lugar a los siete años, bajo la mirada condescendiente de los hombres. Nada es bastante bonito ni bastante caro para la fiesta que se celebrará para la ocasión. Durante las dos semanas que preceden a la entrada en el bosque sagrado, las madres y las tías preparan psicológicamente a las niñas para que aguanten el dolor sin gritar, sin quejarse. Deben controlar y dominar la mordedura viva y abrasadora del cuchillo. Si puede con el dolor, la joven demostrará que de mujer sabrá sobreponerse a los tormentos y las aflicciones de la existencia. Al contrario, una niña que no ha pasado por la ablación es una “bilakoro” (en malinke), es impura y no puede casarse.
La “salindé” coloca a la niña al nivel de esposa. Alcanza la cima de la honorabilidad, entra en el círculo de las madres colmadas, la eleva al rango de “realeza”.
La mujer que ha pasado por la ablación simboliza la pureza. Es un honor para su marido, para su familia. La “salindé” permite a los hombres controlar la fidelidad y la sexualidad de sus mujeres. Personalmente, creo firmemente que debe abolirse la práctica de la ablación. Siempre lo he pensado. Y más aún hoy en día con el avance del sida.
Según algunos, la ablación es un asunto del que sólo se ocupan las mujeres. Sin embargo, su película indica lo contrario, demuestra hasta qué punto la dominación masculina está en juego.
La muerte de tres niñas como consecuencia de la “salindé” hace que las madres se replanteen el problema. Los hombres intervienen a pesar de haber considerado hasta entonces la “salindé” como un tema secundario, doméstico, reservado a las mujeres. Nada igual había ocurrido antes y no les queda más remedio que preguntarse cómo unas madres, unas hijas que nunca han salido del pueblo pueden rebelarse hasta el punto de rechazar la “salindé” y pedir la protección del “moolaadé”.
La película acaba con un plano de una mezquita y su minarete coronado por una antena de televisión. ¿Qué intenta decirnos?
Tradicionalmente, los minaretes acaban con una bola, un huevo de avestruz. El huevo simboliza la vida, pero ahora ya no hay avestruces. La antena de televisión dice claramente que África no puede quedarse replegada sobre sí misma. Debe abrirse al futuro. Debemos cambiar de comportamiento, pero nosotros debemos decidir para nosotros.




La crítica ha dicho…

“Una obra maestra así tiene potencial suficiente para cambiar el mundo” (Lisa Schwarzbaum/ Minneapolis Star Tribune)

“La enorme vitalidad que recorre Moolaadé sostiene los momentos realmente duros pero necesarios para que Sembene pueda transmitir el horror de la mutilación genital femenina” (Kevin Thomas / Los Angeles Time)

“Para quien esté interesado en África tal como es, y no como se empeña en enseñarnos Hollywood, Sembene ha realizado una película con una visión fiel de la vida de un pueblo” (Nelly Tucker / Washington Post)

“Desde la perspectiva europea no se puede decir que sea una soflama feminista, pero es innegable su condición de alegato a favor de una sociedad africana más justa y con menos violencia contra las mujeres” (Martin Baraibar)


En África no se hace cine para vivir,
si no para comunicar, para militar
”.
Sembene.

viernes, 6 de abril de 2007

"Un Franco, 14 Pesetas", martes 10 de abril


"No procedo de níngún país, de ninguna ciudad, de ninguna tribu. Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía...por boca mia oirás el árabe, el turco, el castellano, el beréber, el hebreo, el latín y el italiano vulgar, pues todas las lenguas, todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna. No soy sino de la tierra y a ella retornaré un día no lejano" (Amin Maalouf. León el Africano)
El Cine-Club Fetiche les presenta una película de Carlos Iglesias, basada en una historia real, sobre el tiempo en el que los españoles eramos emigrantes.
Se proyectará el martes 10 de abril a las 21 h, en los Multicines Benavente. Es la segunda película del ciclo "Inmigración y diversidad cultural" patrocinado por la Concejalía de asuntos sociales del excmo. Ayuntamiento de Benavente y con la colaboración de los Multicines Benavente y la Fundación Caja Rural.


Sinopsis
España 1960. Dos amigos, Martín y Marcos, deciden marcharse a Suiza en busca de trabajo. Dejan a sus familias en España y emprenden un viaje hacia una nueva vida en la Europa del progreso y las libertades. Allí descubrirán una mentalidad muy diferente, a la que deberán adaptarse trabajando como mecánicos en una fábrica y viviendo en un pequeño pueblo industrial. Con la llegada de Pilar, la mujer de Martín, con su hijo Pablo, y de Mª Carmen, la novia de Marcos, se les termina la vida de hombres solteros que llevaban en un país con tanta libertad. El trabajo sigue siendo el día a día de Martín y Pilar, mientras el pequeño Pablo comienza a ir al colegio y a integrarse. Con la muerte del padre de Martín, se plantean que lo que habían ido a buscar ya lo han conseguido y es hora de regresar. Para su sorpresa, será más difícil la vuelta que la ida.

Ficha Técnica
Director: Carlos Iglesias
Productores ejecutivos: Susana Maceiras / Mario Pedraza
Productores: José Manuel Lorenzo / Eduardo Campoy / Susana Maceiras
Guión: Carlos Iglesias con la colaboración de Central de Guiones
Director de fotografía: Tote Trenas
Montaje: Luisma del Valle
Música: Mario de Benito
Director artístico: Enrique Fayanás
Vestuario: José Mª de Cossío / Puy Uche
Maquillaje y peluquería: Sara Márquez / Oscar Aramburo

Actores
Carlos Iglesias, Javier Gutiérrez, Nieve de Medina, Isabel Blanco, Iván Martín




Cuando los españoles eran los inmigrantes
El actor Carlos Iglesias debuta como director con ‘Un Franco, 14 pesetas’, la crónica de la emigración de sus padres a Suiza en los años 60. OSKAR L. BELATEGUI Las carreteras suizas señalan los hitos kilométricos cada cien metros. En el cantón de Sankt Gallen, cercano a la frontera austríaca, las rutas de senderismo están cronometradas al segundo, «al paso normal de una persona de cuarenta años», precisa el actor Carlos Iglesias (Madrid, 1954). Él conoce bien este paraíso de orden y silencio: vivió aquí desde los seis a los doce años. Su padre, operario en la Pegaso, había emigrado un año antes. «Ganaba 1.300 pesetas al mes cuando le echaron. Y se vino a Suiza con un amigo. Llegaron con un traje príncipe de Gales y las maletas anudadas con cuerdas». Iglesias, el chapucero Benito de ‘Manos a la obra’, el locuaz Pepelu de ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’, ha tardado cuatro años en escribir, dirigir y protagonizar la historia de su padre. Y también la suya. ‘Un Franco, 14 pesetas’ se rueda en los mismos escenarios donde el actor creció, un país tolerante y rico donde todavía viven 120.000 españoles. «Quiero contar un retazo de nuestra historia reciente que, por diversos motivos, no se ha querido contar. Reavivar la memoria del tiempo en que nosotros éramos los ‘sin papeles’». El viaje en el tiempo no parece inquietar a los habitantes de Nesslau y Unterwasser, idílicos villorrios amenazados por cumbres que configuran un paisaje alpino de postal. Nadie se detiene ante el trajín de un rodaje con figurantes de época. «No tienen curiosidad, como si aquí estuvieran todo el día haciendo películas», observa Carlos Iglesias. «Sólo se acercaron cuando cubrimos las calles con nieve artificial: navidades en julio». El actor Javier Gutiérrez, su compañero de penurias en la ficción, descubre el secreto de la placidez suiza: «Todo es un decorado, como en ‘El show de Truman’. En algún momento caerá un foco del cielo». Navidades en San Blas Iglesias ya barruntaba llevar al cine su crónica familiar cuando caricaturizaba con cariño al currante cañí en ‘Manos a la obra’. «Me parecía chocante que hubiera tantos problemas para aceptar la emigración. Donde yo vivo, en Villalba, el 90% de los jardineros y empleadas de hogar son sudamericanos. Y nadie les da ni los buenos días. Antes éramos nosotros los morenos y ahora somos los rubios, mucho más hijoputas de lo que fueron con nosotros». El actor ha echado mano de los recuerdos al escribir el guión. Trata de no caer en la esquizofrenia al meterse en la piel de su padre, mientras un crío corretea por el plató: Pablito (Iván Martín) está inspirado en el propio Iglesias de crío, un chaval que cambió un sótano oscuro de Argüelles –la vivienda del portero– por las praderas alpinas. Madrid por Suiza en 1960. «Me acuerdo sobre todo de las Navidades, que aquí se empezaban a preparar mes y medio antes, cuando caían los primeros copos de nieve», recuerda Iglesias. «Lo peor fue regresar a Madrid seis años después. Nos fuimos a un piso de protección oficial de mis abuelos en San Blas, por aquel entonces una pila de bloques horrorosos rodeados de descampados. Allí en Navidad no había nieve, sino barrizales. Me pasé dos años yendo de casa al colegio y del colegio a casa». Lo peor no fue olvidar el sabor del chocolate, sino cambiar una educación tolerante por la escuela franquista. ‘Un Franco, 14 pesetas’ se nutre de esas pequeñas anécdotas que padecieron los cuatro millones de emigrantes españoles víctimas del desarraigo. Llegaban y confundían los nórdicos con un colchón de plumas. Luchaban por integrarse. Suena dramático sobre el papel, pero el ambiente de rodaje presagia que esta tragicomedia deparará sonrisas y lágrimas por igual. Iglesias dirige a los figurantes en alemán –«vamos, chiquitines»–, por algo ha regresado a Suiza cada vez que ha podido desde su adolescencia –«mi primera parada del Interrail fue Berna; tenía 17 años»–. Cuatro décadas después, el choque cultural se sigue produciendo. Nieve de Medina, la esposa de Iglesias en la ficción, se escapa en los descansos a la cercana Zurich en busca de bullicio; era la mujer de Luis Tosar en ‘Los lunes al sol’, así que entiende de inestabilidades laborales. El bar del hotel Sternen en Unterwasser, donde las tiendas cierran a las seis y media, jamás ha echado la persiana tan tarde. En la frontera «Carlos quería contar la historia de su vida, sacar sus entrañas. Esa película sólo la podía dirigir él arropado por un buen equipo técnico», apunta Eduardo Campoy, coproductor del filme junto a José Manuel Lorenzo. «Nunca sabes cuándo a un director le sale una historia con alma, pero veo las escenas rodadas y se me encoge el corazón». Iglesias tampoco puede evitar emocionarse. Ha rodado en la misma casa que habitó de niño –«abrí la ventana de mi habitación, y ahí seguía el mismo paisaje»–. Ha recreado la entrada en el país de su padre, cuando tuvo que enseñar en la frontera las 20.000 pesetas del finiquito de la Pegaso para pasar por turista. «Los policías hicieron la vista gorda porque las fábricas necesitaban mano de obra». No es de extrañar que el actor rompa a llorar al ver por primera vez el tráiler, confeccionado con vistas a su estreno el próximo año. Lo que más le preocupa es defraudar a su padre, que jamás aprendió alemán. «Le duele que haya tardado tanto en dirigir, porque he rechazado trabajos en mi mejor momento. Cuando la vea me dará el coñazo y me dirá que no fue exactamente así».

lunes, 2 de abril de 2007

"Todos nos llamamos Ali" Martes 3 de abril a las 21 h.






El Cine-Club Fetiche se complace en presentar a los espectadores de Benavente "Todos nos llamamos Alí" (1974) de Rainer Werner Fassbinder. Y se congratula de hacerlo dos dias antes que el MOMA (Museo de Arte Moderno de New York) lo haga ante sus espectadores. Asi es. El Departamento de cine del célebre Museo de new York acaba de comprar la obra para televisión Fassbinder's Berlin Alexanderplatz y con ese motivo en el mes de abril proyectarán una selección de las películas del director aleman. Véase http://www.moma.org/exhibitions/film_media/2007/Fassbinder.html#top






ficha técnica y artística



Alemania Occidental, 1974. Director: Rainer Werner Fassbinder. Productores: Rainer Werner Fassbinder. Guión: Rainer Werner Fassbinder. Música: Rainer Werner Fassbinder. Fotografía: Jürg en Jürges, en color. Montaje: Thea Eymèsz. Diseño de producción: Rainer Werner Fassbinder. Duración: 93 minutos. Intérpretes: Brigitte Mira (Emmi Kurowski), El Hedi ben Salem (Ali), Barbara Valentin (Barbara), Irm Hermann (Arista), Elma Karlowa (Mrs. Kargus), Anita Bucher (Mrs. Ellis), Gusti Kreissl (Paula), Doris Mattes (Mrs. Angermeyer).



SINOPSIS Y COMENTARIOS FÍLMICOS



Rodada durante quince días en septiembre de 1973, se sitúa entre Las amargas lágrimas de Petra von Kant y Effi Briest. Fassbinder se ocupó de la dirección, guión, producción, diseño de producción, compuso el tema principal de la película y se metió en la piel de Eugen, repelente yerno de Emmi. Para los papeles principales eligió a su ex-amante argelino El Hedi Ben Salem y a mamá Kusters Brigitte Mira. En Cannes, la película ganó el Premio de la Crítica Internacional (FIPRESCI) y el Premio del Jurado Ecuménico.
En Todos nos llamamos Alí Fassbinder adapta a su manera un film de Douglas Sirk, Sólo el cielo lo sabe (All That Heaven Allows, 1955). El melodrama norteamericano, protagonizado por Jane Wyman y Rock Hudson centraba su mirada en la diferencia de edad y de clase de sus protagonistas: la viuda rica y el jardinero. Fassbinder va más allá y a ello añade la diferencia racial. ¿Tan difícil es romper con las convenciones sociales?
Emmi Kurowski (Brigitte Mira), una mujer de la limpieza, viuda sesentona de un inmigrante polaco, se refugia de la lluvia en un bar regentado por Barbara (Barbara Valentin). El ambiente sórdido, la luz roja. ¿Cerveza o Cola? Una Cola, por favor. Desde su mesa solitaria distingue a Alí (El Hedi ben Salem), un joven marroquí, de entre sus compañeros inmigrantes. Éste se acerca: se la ve sola. Todos lo estamos.
Así nace esta historia de amor prohibida, el melodrama. Los atentados de las Olimpiadas de Munich recientemente se han acoplado en las mentes occidentales (¿se acuerdan del 11-S?). Alí es marroquí, Emmi perteneció al partido nazi. ¿Qué más da? Nunca es tarde para expiar los pecados y vivir la vida con toda intensidad.
En un principio todo el mundo les da la espalda: sus vecinos, sus amigos, su familia (con neonazi incluido: ojo con la composición del propio Fassbinder). Pero resisten los embates como pueden y ponen tierra de por medio durante un tiempo, para que las aguas se calmen. (Cabe recordar en este punto que para el influyente Bertolt Brecht la ciudad es el escenario moderno donde tienen lugar los conflictos del nuevo hombre: el escenario de la existencia y el escenario de la lucha de clases.) A su vuelta se cambian las tornas, el egoísmo campa a sus anchas: el tendero quiere recuperar a una importante clienta, la vecina solicita la ayuda de Alí para mover unos muebles, y un hijo de Emmi la requiere para que haga de niñera con su nieto. Abrumados con tal recibimiento, la pareja convertida ya en marido y mujer cae en la desidia. El enemigo está en casa. Alí necesita los favores sexuales y el cuscús de Barbara; a Emmi se le hincha la vena xenófoba al conocer a una nueva compañera de trabajo...
El final de la película es idéntico al de Sirk. Pero mientras el clásico de Hollywood dejaba una puerta abierta a la esperanza con la imagen del ciervo (cfr. la mitología de mujeres embarazadas que gobiernan el mundo y tienen la apariencia de ciervos), el final de Todos nos llamamos Alí es abierto, aunque en el fondo es cíclico, redundante, sin salida.
La composición de las imágenes se construye a base de encuadrar a los personajes desde puertas y ventanas, enjaularlos bajo barandillas de escaleras o abandonarlos en una balsa rodeada de un mar de sillas amarillas. La cámara se solaza en los planos, observa sin filtros los rostros desencajados de dolor y pasión, al tiempo que enclaustra a los habitantes en marcos claustrofóbicos, cuya única salida son los espejos donde observar la huella que dejan las emociones.
La función narrativa de la imagen se basa en movimientos lentos y planos tomados desde la lejanía. Pero en ciertos momentos la cámara señala cual dedo acusador las actitudes xenófobas de los personajes. Véase sino la escena en la que Emmi presenta al moro a sus hijos: la cámara efectúa un travelling y se detiene en primer plano en cada uno de los rostros. Aflora el odio, la consternación, el desprecio y, finalmente, la ira. Debido a este furioso impulso emocional, uno de los hijos de Emmi patea el televisor, destrozándolo. Irónicamente, se rompe así un símbolo de la opresión y el aislamiento social de la abuela.
Conciencia individual significa ruptura y hostilidad. A la vuelta de su particular luna de miel las tormentas ya no son de carácter meteorológico, sino que traspasan el umbral del domicilio conyugal. Alí necesita también el calor de otros compatriotas, otros manjares y licores, otros senos, más turgentes. Emmi se autoconvence atribuyendo el distanciamiento a «su mentalidad extranjera». Pero no, ellos se miran directamente a los ojos. Esto ya es demasiado, aunque aún queda tiempo para bailar al son de la melodía cíngara.



Esta es la peli en la que Fassbinder se basó para hacer la que nos ocupa. Y las fotos, por supuesto, de la Schygulla.



 
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