sábado, 31 de diciembre de 2011

Propuestas de películas para el 2012

En Comentarios podéis añadir las que queráis ver este 2012 en el Cineclub Fetiche:
1) «The artist», la francesa muda y en blanco y negro
2) «Nader y Simin», iraní pero a su vez Oso de Oro en Berlín
3) «Un dios salvaje», dicen que una maravilla de Polanski
4) «El árbol de la vida», de Terrence Malick
5) "Winter’s bone", ganadora en Sundance. buena película con la sorpresa de la actriz (el próximo Óscar, ja)
6) "El ilusionista", Animación, un homenaje a Jacques Tati.
7) "El topo". Vuelve John le Carré, esta la pondrán los Multicines (supongo)
8)"Eva" de Kike Maillo, ciencia ficción española
9) "No habrá paz para los malvados" de Urbizu, con el pesado de Coronado que a lo mejor lo hace bien.
10) "La voz dormida" de Benito Zambrano, otra española sobre la guerra civil con muy buena pinta y mejores críticas.
11) "Mercado de futuros" un documental español sobre la crisis
12) " Crazy, Stupid Love" ehhhhhhhhh, una comedia
13) "Los idus de marzo" dirigida por Georges Clooney
14) "Super 8" para adolescentes pero con la mano de Spielberg detrás
15) "Incendes" una del Líbano
16) "Margin Call" sobre la crisis económica con un resucitado Jeremy Irons
17) "Un método peligroso" Cronenberg metido en otros asuntos que no son los habituales en él. Aunque Freud y su pulsión de muerte se le asemejen
18) "Another Year" de Mike Leigh
19) "De dioses y hombres" la francesa coral genial
20) y aquí podríamos repetir la de Woody Allen (genial) o la mejor de este año que es de los Coen "Valor de ley" (que ya la pusimos, pero que no importa)
Hala a sumar propuestas. Feliz año de cine y rosas.

jueves, 15 de diciembre de 2011

MEET JOHN DOE (1941, Frank Capra) Juan Nadie




Aunque con bastante pertinencia se sitúe la figura de Frank Capra como uno de los más relevantes cultivadores de la comedia en el periodo dorado del género en el cine norteamericano, esa definición en ocasiones oscurece su auténtica dotación. Y es que, como por otra parte sucedió con otros cineastas con los que compartió el devenir de su filmografía, en Capra se articula ante todo un cultivador de dramas exacerbados, que combinaba con una inusual destreza con un barniz de comedia, logrando con ello unos resultados insólitos en la incardinación de sus elementos, y proporcionando a su obra el rasgo de personalidad más definitorio de su cine. Es curioso constatar todo ello, en la medida que según su filmografía se iba espaciando y adentrando en el periodo desarrollado durante la II Guerra Mundial –y más allá de sus celebrados documentales de guerra-, se aprecia la aparición de un amargo influjo en su cine. Parece por momentos como si su consustancial optimismo se peleara con una visión más desencantada de la existencia. Esos contrapuntos tan marcados, tuvieron uno de sus exponentes más rotundos en MEET JOHN DOE (Juan Nadie, 1941), en la que el cineasta italiano opta de forma clara por la inclinación hacia el drama, en detrimento de la vertiente de comedia con la que se inscribirán sus primeros minutos. Se trata, por otra parte, de una opción en la que incurrirá en su posterior IT’S A WONDERFUL LIFE (¡Que bello es vivir!, 1946) –sin duda su título más popular, aunque quizás pocos sepan que fue un fracaso en el momento de su estreno-, y que es probable nos induzca a pensar que la verdadera razón que permitió el génesis de la película, fuera la de formular la implicación del cineasta dentro del contexto de denuncia contra los totalitarismos, que tantos y tantos cineastas norteamericanos expresaron en aquellos años en los que el nazismo alemán y el fascismo italiano ya mostraban sus atrocidades.

Sin embargo, ni el realizador ni su habitual colaborador Robert Riskin, limitan el epicentro de la película en dicha vertiente –aunque sí centre uno de sus ejes vectores-, ya que MEET JOHN DOE puede ser degustada como una diatriba sobre el papel manipulador de la prensa –un tema que centra su primer tercio-, o una proclama sobre la nobleza del carácter y la personalidad norteamericana. Ese parecer ser el objetivo principal del relato, y ya en los títulos de crédito ese collage de pinceladas sobre diferentes aspectos de la personalidad USA, nos predispone a asistir a una diatriba sobre la supuesta nobleza de la misma –uno de los elementos que en el pasado sirvieron a los detractores del realizador, para ponerse anteojeras y no ver sus numerosas virtudes como cineasta, relegándolo al indigno apelativo de “la abuelita Capra”-. Muy pronto la acción de la película se revestirá con esos señalados ropajes de comedia, trasladándonos a la redacción de un periódico -que ha sido adquirido por un nuevo propietario-, quien ha designado como director a Henry Connell (el siempre magnífico James Gleason). Este realiza una reducción despiadada de personal –un elemento dramático que es mostrado, de forma paradójica, con un notable sentido cómico, por medio de los cortantes avances de un joven encargado, y los constantes enfados del encargado de pintar la cristalera de la puerta del nuevo responsable-, incluyendo en ella a la joven periodista Ann Mitchell (Barbara Stanwyck). Esta, con una audaz intuición, escribirá la que iba a ser su última colaboración, creando un ficticio personaje –el denominado John Doe-, representando en él al ciudadano anónimo y, sobre todo, a esa supuesta personalidad noble y solidaria definitoria del norteamericano medio. El pequeño escrito tendrá una inesperada aceptación, sirviendo en primer lugar para que Ann mantenga su puesto en el periódico, y de alguna manera propiciando que sea creado un personaje inexistente, que finalmente recaerá en el ingenuo John Willoughby (Gary Cooper), a quien acompañará en todo momento su amigo Coronel (Walter Brennan), un hombre maduro que desconfía en todo aquello que represente cualquier la dependencia con el dinero y el concepto capitalista –llama “sanguijuelas” a sus representantes-. De la noche a la mañana, el casi vagabundo joven se convertirá en un auténtico héroe local, aspecto para el cual será ayudado en todo momento por las indicaciones y discursos que le escribe Ann, de quien poco a poco nuestro protagonista se enamorará en secreto. La popularidad de Doe, favorecerá la creación de crecientes clubs basados en su figura, que propagaban la apuesta de los buenos sentimientos con el prójimo, al tiempo que dejaban de lado la mediación política. El inesperado héroe llegará a recibir sustanciosas propuestas económicas por parte de algún medio de la competencia en la prensa –el Cronical-, cuando se dispone a efectuar su debut en la radio. Será una tentación que logrará desoir al contemplar el rostro radiante de la entregada Ann, y al obtener el clamoroso aplauso del norteamericano anónimo, despertará la intuición del astuto D. B. Norton (excepcional Edward Arnold), quien verá de forma definitiva las enormes posibilidades que el sencillo personaje puede proporcionar para su promoción política.

Siendo como es, una propuesta densa y brillante –probablemente uno de los títulos más valiosos del cine de su autor-, MEET JOHN DOE interesa mucho más por como se expone cinematográficamente, que en su propia configuración como relato. Es algo, que de una vez por todas debería tenerse bien presente a la hora de valorar las cualidades de Capra como cineasta. Su capacidad para alternar drama y comedia casi de un plano a otro –ese limpiador negro que ofrece un contrapunto cómico a la secuencia final en el interior del rascacielos en el que se supone se va suicidar Doe-, la valoración de los primeros planos –aquellos de Ann que se proyectan sobre nuestro protagonista cuando este se encuentra a punto de leer el discurso que le ha preparado el enviado del Cronical, para con ello dinamitar la patraña que se ha creado en torno suyo, y que le impedirán que finalmente haga uso del mismo; el impresionante primer plano sobre Edward Arnold (a mi juicio el instante supremo de la película), cuando comprobando el éxito de la primera alocución radiofónica de su promocionado, intuye las posibilidades que este le brinda en bandeja)-, o la sabiduría como hombre de cine que se demuestra en su experto manejo de los recursos que le proporciona el lenguaje fílmico. Es algo que apreciaremos en su capacidad para definir a sus personajes –ese ensayo militar que nos define en apenas instantes el talante ultraderechista de Norton-, en la deslumbrante planificación que describe el terrible episodio protagonizado por Doe en la convención que protagoniza, desarrollada con una creciente lluvia –resulta impresionante la grúa que muestra la multitud protegida por paraguas, que asiste atónita al “descubrimiento” de la falsedad de su personaje-, o en la fuerza conmovedora que reviste el episodio final en la terraza de ese rascacielos, en donde quedará patente ese alcance de parábola crística que, en última instancia, define esta intensa y extraña tragicomedia. Una película en la que, una vez más, el realizador siciliano mostrará su capacidad para la dirección de actores, tanto protagonistas –sensacionales Cooper y la Stanwyck- como secundarios –Arnold, Brennan, Gleason…-, en la que los tintes dramáticos poco a poco devoran los matices de comedia con que se envuelven sus primeros fragmentos -y que, pese a todos, nunca dejarán de tener acto de presencia-, preocupada por su compromiso y advertencia en contra de la llegada de tentaciones totalitarias a una sociedad democrática por la norteamericana, y que adelanta otros títulos posteriores como pudiera ser el muy posterior THE LAST HURRAH (El último hurra, 1958. John Ford). Decididamente, MEET JOHN DOE revela la importancia que Capra mostró en la comedia durante la década de los cuarenta –a mi juicio un pequeño peldaño por debajo de la aportación de McCarey, Preston Sturges, Lubitsch o Chaplin, a la altura de la de Hawks, que en aquel periodo brindó escasa inclinación al género, y por encima de un Cukor-. Comparaciones al margen, lo cierto es que con todos ellos, comparte esa visión comprometida e incluso cercana a lo dramático que presidió buena parte de la producción de una comedia USA que, como es lógico suponerlo, no pudo quedar al margen de la tremenda realidad que vivía su sociedad.

lunes, 5 de diciembre de 2011

"Contagio" de Soderbergh, Os esperamos en el cine.







El martes 6 de diciembre y el miércoles 7 proyectamos, la última película de Steven Soderbergh "Contagio", a las 21 h. en los multicines Benavente. Nos vemos en el cine. ya os enviarán la hoja volandera por correo electrónico.

jueves, 1 de diciembre de 2011

"Contagio", crítica de Boyero y de Toni García




















CRÍTICA: 68ª edición de la Mostra de Venecia
La peste según el inteligente Soderbergh



Durante una larga época Hollywood descubrió una mina de oro en el cine de catástrofes. Ocurrían en cielo, mar y tierra, pero la fórmula para retratarlas era idéntica independientemente del escenario. También era obligatorio el final feliz. Y estrellas de primera fila encarnando a los héroes que logran acabar con la pesadilla. Al margen de que estuvieran dirigidas por artesanos eficaces o por directores con cierto prestigio que habían recibido una oferta difícil de rechazar, los verdaderos protagonistas de este tipo de películas eran los efectos especiales y las segundas unidades, especializados en el circense más difícil todavía. El subconsciente colectivo del público disfrutaba mogollón asistiendo a los desastres que podían ocurrir en un avión, un barco o un rascacielos, esos lugares que todos hemos pisado alguna vez. La temática era ampliable a terremotos, maremotos, tsunamis y volcanes en erupción, hacia lo salvaje que puede ser la naturaleza cuando se irrita.Steven Soderbergh es un autor heterodoxo y extraño cuyo cine siempre se ha resistido a ser etiquetado. Proveniente del cine independiente se las ha ingeniado para alternar películas muy personales, incluidas las que ha producido con notable riesgo a otros colegas, con un cine que cumple las exigencias que marca Hollywood y que le permite llenar las arcas cuando estas se han quedado medio vacías por hacer lo que le gusta. Soderbergh es el prestigioso creador de Sexo, mentiras y cintas de vídeo y de Kafka, pero igualmente de películas admirables y de gran presupuesto como Traffic y Erin Brockovich, o de la saga de Ocean's, uno de los mayores éxitos de taquilla del cine contemporáneo.

Por todas esas razones, intuyes que Contagio, perteneciente al género de catástrofes, no va a seguir las habituales reglas del juego, que Soderbergh se las va a arreglar para hacer algo distinto y saltarse las convenciones utilizando la temática sobre la amenaza del Apocalipsis, sobre un virus con infinita capacidad de contagio que está devastando el mundo. Es tan listo que logra algo tan complicado como que estrellas de la altura de Kate Winslet y Gwyneth Paltrow acepten aparecer únicamente 10 minutos en la pantalla antes de que el depredador las envíe al otro barrio. Matt Damon, Jude Law y Marion Cotillard se protegen con más suerte que las anteriores ante el monstruo, pero todos ellos actúan como secundarios de lujo en una película cuyo protagonismo absoluto lo ejerce ese bicho nacido en Hong Kong y que se expande en el momento que uno de los afectados toca a otro ser humano, o incluso si le habla demasiado cerca.

Soderbergh prescinde de efectismos, de exhibicionismo facilón apilando montañas de cadáveres. Se limita a sugerir con un lenguaje visual muy sobrio la atrocidad que genera la peste, utiliza con inteligencia la elipsis, retrata con mala leche la maquinaria burocrática que impide que las vacunas lleguen con rapidez a los afectados y algo tan humano como que los inventores y administradores de estas apliquen el remedio en primer lugar con sus familiares y sus amigos, haciendo selección ante el sálvese quien pueda. Ese rechazo del director a mostrar con naturalismo las consecuencias del horror y a halagar el morbo del espectador ofreciéndole un banquete con las llagas, los vómitos y la putrefacción de las víctimas, no impide que funcione el mejor suspense. Contagio es voluntariamente rara, está llena de matices, desdeña el sensacionalismo y las trampas para enganchar a un público masivo. A mí me inquieta, me transmite la angustia y el miedo que sienten los personajes, me empapa esa atmósfera de desolación. (Carlos Boyero, El País)




68ª edición de la Mostra de Venecia



Un virus sin etiquetar
La última película de Steven Soderbergh, 'Contagio', es un bicho raro, un thriller con visos de drama en la que lo que pasa lentamente se cuenta a toda velocidad y lo que pasa al minuto se examina con lentitud






A Steven Soderbergh se le pueden discutir muchas cosas pero a estas alturas nadie puede negarle su condición de gran cineasta. Esa condición, que va más allá de unas cuantas películas más o menos afortunadas, puede verse en casi todos sus trabajos a uno y otro lado del eje hollywoodiense. Soderbergh es detallista, conciso y específico hasta decir basta. Posee habilidad para el encuadre y la composición y ojo clínico para el ensamblaje de repartos de cualquier estilo o condición y, además, es endemoniadamente listo.Contagio, su último filme, bebe de todo eso y es una película que cuesta encajar en el marco de la política de una major: no es una película comercial al uso, no hay en ella efectos especiales, ni persecuciones, ni escenas de masas, ni aparatosas visiones del fin del mundo. Contagio es un bicho raro, un thriller con visos de drama en la que lo que pasa lentamente se cuenta a toda velocidad y lo que pasa al minuto se examina con lentitud.

El director cuenta la historia de un virus que aparece de repente (estas cosas no acostumbran a avisar) y cuya agresividad convierte el mundo en un gran matadero en cosa de días. Obviamente no hay cura a la vista y -para empeorarlo- el contagio se produce por una simple cuestión de contacto: un apretón de manos, una copa compartida, un beso en la mejilla. Eso convierte el globo en un amasijo de islotes donde nadie confía en nadie y las relaciones sociales quedan reducidas a la nada. No tira Soderbergh de los tópicos de costumbre sino que estudia (plano a plano, secuencia a secuencia) los confines de nuestra capacidad para soportar el azote de la pandemia sin sucumbir al instinto animal y perder la chaveta: su conclusión es que no tardaríamos demasiado en acabar a palos. La otra conclusión, no menos curiosa, es que la burocracia mata más gente que cualquier virus.

En el reparto de este magnífico ejemplo de contención (semi)apocalíptica sitúa el director a un esplendido grupo de actores que sin embargo aparecen por estrictas necesidades narrativas: un ratito de Matt Damon, un ratito de Gwyneth Paltrow, un ratito de Jude Law (el personaje más debilucho del coro) y un ratito de Kate Winslet. No hay ningún tour-de-force sino un estupendo trabajo colectivo en el que cada uno viaja por su cuenta y muchos/as no llegan a su destino. El montaje es la otra gran baza del filme, perfecto en su cadencia (esos flashes de aeropuertos, estadios y calles vacías y el contraste posterior con el caos de los hospitales y las comisarías) y ayudado por la absorbente compañía de la magnífica banda sonora de Cliff Martinez, un habitual del director desde Sexo, mentiras y cintas de video. Contagio es en suma un rara avis que ni es un retrato íntimo del fin de los tiempos ni una de esas películas donde algo o alguien acaba arrasando el planeta hasta que al final los supervivientes sonríen a cámara y prometen volver a empezar. Precisamente por eso, por su negativa a meterse en un género concreto e ir por ahí arrastrando la etiqueta, ha recibido un generoso aplauso al final de su pase para la crítica. Soderberg, para que conste, sigue atesorando toneladas de talento. (Toni García, El País)



























































 
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