sábado, 13 de octubre de 2012

"Los idus de marzo" de George Clooney, el martes 16 de octubre a las 21 h. en los Multicines Benavente


Boyero habla de la película de Clooney

George Clooney apuñala con clase a su propio candidato

los idus de marzo
George Clooney sigue siendo el mismo, pero el mes de marzo ha cambiado mucho. El calentamiento global, claro. Pero también el atontamiento global de la escena política en paralelo con el mangoneo de la opinión pública. Los idus que se llevaron por delante a Julio César ya no soplan igual. No funciona el ventilador. Los dioses deben de estar locos y ahora las crisis se resuelven con ceses, la mejor metáfora de una puñalada en los tiempos modernos. Así, aparentemente romanizados por el referente clásico y engañosamente instalados en los antípodas éticos (del Macarthismo a Obama) y estéticos (del blanco y negro al color) de Buenas noches, y buena suerte, el director George Clooney vuelve a desplegar todo su encanto como cineasta. Que es mucho. O, al menos, suficiente para engatusarnos de la misma forma que lo hace con su media sonrisa y su mejor traje. La misma percha de su presencia adorna los postulados visuales de su cine. La elegancia es su principal arma para contar historias. La mentira, el engaño, el matiz entre fama y honor; sus temas preferidos. De esa mezcla (y eso lo sabe su buen nombre, a menudo entre rumores de ambigüedad sexual) suelen saltar chispas. Quizá por eso nos guste tanto.
Relanzada por la habitual pereza de Clooney para aparecer demasiado en pantalla en sus propias películas, la tarea de Ryan Gosling crece aún más hasta apropiarse del foro en el que es traicionado. Le rodea un elenco de secundarios a los que Clooney trata con un esmero impúdico: con muy poquito les basta a Philip Seymour Hoffman y Paul Giamatti para dejar en todo lo alto su particular duelo, petróleo saca Evan Rachel Wood de su personaje, y hasta Marisa Tomei y Jeffrey Wright se lucen en dos pinceladas. Gosling está igual de bien que en Drive o Half Nelson, en un papel que va del encanto a la perversión en apenas segundos. Y si la virtud funcionaba en aquel antecedente de Mad Men con el humo de David Strathairn cegándonos los ojos, aquí lo que vence es el cenagal de la función pública. Porque pese a las maneras, Clooney siempre ha querido ir más allá del neoyorquino Madison Avenue para instalarse en Farragut North. Ésa es la zona de Washington donde se ubican los lobbies y bufetes políticos más importantes del mundo y que da título de la obra de teatro que adapta la película.
Mejor en el cómo que en el qué, la trama viene lastrada por el lío en el que se mete el candidato, algo manido por la propia realidad. Clooney acierta siempre en el punto de vista, con los encuadres, las elipsis (ese cese en coche, tras el barbero) y el tono justo para no caer en el falso thriller o en la caricatura del político. Algunos podrán ver un hilo que le une con el cine político de los setenta, el de Pakula, Pollack y compañía. Quizá en espíritu, porque el encanto algo desastrado de aquéllos no responde al estilo minucioso de Clooney, casi más cerca de Chinatown que de El candidato. Pero sobre todo, lo que inquieta y da gusto a la vez es cómo maneja la obsesión política, que parece ser también la suya, reflejada en la adrenalina de todos estos tipos que darían su vida por trabajar en la campaña de un presidente. Este tipo, que tal vez tenía el talento, el encanto y la vocación para una carrera como político y que se ha visto obligado a malgastarla triunfando en el cine, es el hombre perfecto para contar esta historia.
CARLOS MARAÑÓN en Cinemanía Desde Cinemanía también recomiendan la película de Clooney, pincha aquí

No hay comentarios:

 
Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.