miércoles, 5 de diciembre de 2007

El sexo y el cine según Alfonso XIII


El origen del cine pornográfico español

Las primeras referencias al cine pornográfico en España la constituyen una serie de películas de los años 20 rodadas en Barcelona por encargo del Conde de Romanones, que actuaba en nombre del rey Alfonso XIII, un gran aficionado al género y al erotismo en general, según cuenta el investigador Román Gubern. Recientemente la Generalidad Valenciana ha restaurado tres cortometrajes porno de los años 20: El confesor, El ministro y Consultorio de señoras, encargados por Romanones a los hermanos Ricardo y Ramón Baños, dueños de la productora barcelonesa Royal Films.












Entrevista con Roman Gubern
Raquel Garzón Clarín
El revisionismo histórico está sacudiéndole el polvo y las carnes al cine español. En esta entrevista, el escritor catalán Román Gubern, de visita en Madrid, habla de la "siempre conocida y cuidadosamente silenciada" debilidad del rey Alfonso XIII (1886-1931) por el cine porno, en la España clerical y conservadora de comienzos del siglo XX. Gubern, nacido en Barcelona en 1934, es presidente de la Asociación Española de Historiadores de Cine. Autor, entre otros libros, de Historia del cine (1969) y El eros electrónico (2000), afirma que el abuelo de Juan Carlos I no sólo consumía pornografía regularmente, sino que también "sugería algunos argumentos de películas".
—¿Existió la Royal Films o es un mito de cine club?
—(Se ríe) Por supuesto que existió, y además, el nombre fue elegido intencionadamente: se trataba de la productora de cine que abastecía de películas pornográficas a la Casa Real, en concreto a Alfonso XIII, conocido cinéfilo y rey galante. La fundaron en 1915 dos hermanos, Ricardo y Ramón Baños y su sede estuvo en Barcelona, que fue centro del mundillo cinematográfico español en la década del 20. Luego, claro, todo se trasladó a Madrid.
—¿Qué pasó con esas películas?
—Muchas de ellas se perdieron, otras fueron destruidas. El franquismo en particular no veía con buenos ojos que circulara la imagen de un Rey consumidor de cine porno. Pero algunas están siendo recuperadas por la Filmoteca de Valencia, que ha iniciado la restauración de ese material fílmico. Todo está perfectamente documentado y se sabe que Alfonso XIII no sólo pagaba por ellas, sino que a veces, sugería algunos argumentos de películas para que los productores los desarrollaran.
—¿Cuál era la actitud hacia la pornografía en la España de entonces?
—Pacata, debido básicamente a la influencia de la Iglesia, pero en todo caso, un lujo de clase alta. Todo lo vinculado al porno —grabados, estampas, películas— era muy caro en esa época. Por entonces, en Gran Bretaña, era incluso de buen tono que un hombre consumiera pornografía porque era índice de refinamiento. El porno sólo pasa a ser de mal gusto cuando se populariza, cuando puede consumirlo todo el mundo.
—¿Hay alguna otra prueba de esa "debilidad" del Rey?
— Sí, algunos testimonios. Voy a contarle una anécdota. A fines de los años 20 llega a España Anita Loos, una famosa guionista del cine de Hollywood, que había saltado a la fama en 1925 por su obra Los caballeros las prefieren rubias. Alfonso XIII, que también tenía debilidad por los artistas, la invita a tomar el té en el palacio. Empiezan a conversar y el rey le pregunta por un cómico, Fatty Arbuckle, junto con Buster Keaton una de las estrellas del cine mudo estadounidense.
—¿No fue Arbuckle aquel cómico que se arruinó en un escándalo sexual?
—Sí: en 1921 participó de una orgía, muy comunes en el Hollywood de esa época, y aparentemente violó con una botella de champán a Virginia Rappe, una starlet que murió dos días después. Arbuckle fue exonerado, pero el escándalo terminó con su carrera en Hollywood. Loos le cuenta al Rey todo esto y Alfonso XIII le contesta: "Qué mala suerte, si esto le puede pasar a cualquiera". Este comentario, incluido por Loos en sus memorias (Adiós a Hollywood con un beso), dice mucho de la vida privada del Rey y de su idea del sexo. Nada de esto figura en la edición española, que fue muy expurgada. Como ve, hay temas que aún siguen siendo tabú en la enorme maquinaria editorial española,
Publicado por el diario "Clarín", Revista "Ñ", Buenos Aires
Les ofrecemos un iconoclasta fragmento de "El confesor"

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