domingo, 12 de octubre de 2008

Verdú trabaja por primera vez a las órdenes de Jose Luis Cuerda con un guión de Rafael Azcona






La otra vida de 'Los girasoles ciegos'
Cuerda adapta el libro del fallecido Alberto Méndez en torno a la Guerra Civil (ROCÍO GARCÍA El País. Madrid. 22/10/2007)

"Bajo la represión, todas las historias de amor son imposibles. La represión convierte a todos en víctimas. A los acosadores, porque los convierte en alimañas; a los acosados, porque los convierte en despojos". Maribel Verdú tiene escrito a lápiz en su copia de guión este apunte, uno de tantos, que le trasladó José Luis Cuerda para encarar el rodaje de Los girasoles ciegos, el sobrecogedor libro con el que Alberto Méndez obtuvo el Premio Nacional de Narrativa y el Premio de la Crítica de forma póstuma.

Tiene la actriz otra anotación, ésta de cosecha propia, que es el final de un poema de Antonio Machado: "Sólo recuerdo la emoción de las cosas y se me olvida todo lo demás. Muchas son las lagunas de mi memoria, pero más los recuerdos de mi historia".
Los girasoles ciegos camina por la derrota moral de los vencidos, los de la Guerra Civil española, a través de cuatro historias de horror y desolación, cuatro relatos para avivar la memoria contra el olvido de los perdedores. Acaba de terminar la contienda y son años de represión y dolor, de miedos, de valores pervertidos. "Es un retrato de cómo los sentimientos se corrompen con la represión", asegura José Luis Cuerda, autor junto a Rafael Azcona del guión del libro.
Sabe Cuerda que está ante un relato duro y triste. "La vida es así, triste, aunque con momentos cojonudos que debemos acumular. Es verdad que lo que narra la historia no es risible, pero sí gratificante por lo que tiene de conocimiento de la entraña humana. La observación del dolor ajeno siempre es dolorosa, pero el acceso a las verdades es altamente gratificante. Soy partidario de la excitación", añade este realizador, apasionado de las historias de moral difícil y del cine alejado del espectáculo y los fuegos artificiales.
En el pasillo de ese edificio madrileño se palpa la felicidad del director, inoculada en el resto del equipo, pero también la tristeza. La tristeza de una despedida que se intuye definitiva. Es un pasillo largo, con libros a ambos lados, casi en penumbra, con el único balconcillo resguardado del exterior por unas cortinas blancas. Se intuye la luz, pero nadie te puede ver desde fuera. En el zaguán de una puerta aparece Ricardo (Javier Cámara) en pijama y batín de pana marrón; también zapatillas de fieltro. Su rostro muestra el dramatismo del momento. Abrazará a su hija Elenita (Irene Escolar) por última vez. Está embarazada de ocho meses, y Elenita y su novio Lalo (Martín Rivas) escapan al exilio. Nunca más volverán a verles. Ni su padre, ni su madre Elena (Maribel Verdú) ni su hermano pequeño. Todos lo saben y todos hacen como que no lo saben. Guardan las apariencias, y más que nadie la madre. Delgada, con una melena corta, elegante, vestida con sencillez, falda negra, camisa de seda clara y chaqueta de lana gris, da el último adiós a esa hija de 17 años que, con una maleta y una manta, inicia una huida imposible en busca de algo mejor.
Cuerda le debía una a Maribel Verdú. Es la primera vez que trabajan juntos, pero la actriz ya lo había intentado hace muchos años cuando el realizador preparaba el casting de su película Mala racha. "Fui con mi madre a presentarme a las pruebas. No me cogió porque dijo que era demasiado guapa", recuerda la actriz en un descanso del rodaje, en una habitación con vistas al Retiro de Madrid, frente al estallido de colores otoñales de los árboles. "Es verdad, era demasiado guapa", corrobora poco después Cuerda. Ahora, al contrario, ha ido buscando esa belleza poderosa pero delgada y frágil. Con caderas postizas bajo la falda negra, Verdú tenía el libro de Los girasoles ciegos lleno de apuntes y subrayado cuando le llamó Cuerda. Era el regalo favorito que en 2005, cuando se publicó el libro, hizo a muchos de sus amigos. "Es una historia conmovedora, real. Una historia de amores imposibles, de una mujer que tiene un marido que ni la ve, ni la toca, y cómo ve la destrucción de su vida. Yo necesito cine terrenal", explica la actriz, que ha encontrado en José Luis Cuerda esa complicidad emocional que tanto busca a la hora de trabajar.
El atuendo doméstico de Javier Cámara le señala como lo que es en Los girasoles ciegos: un muerto en vida, un profesor comprometido y cobarde. "Soy firme partidario de la cobardía", asegura. "Es un hombre metido en un cajón, acosado por la policía, del que su hijo niega su existencia, y con una mujer que sostiene una extraña relación con un diácono", comenta el actor.
"Con este proyecto hay que ir hasta el final. No hay juego, es todo pura realidad". Se cierra el batín de pana para sentarse en la cama que amuebla una habitación. La cama del fantasma.

No hay comentarios:

 
Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.