viernes, 7 de marzo de 2008

"Ni uno menos" de Zhang Yimou





El Cineclub Fetiche se complace en presentarles el martes 11 de marzo del 2008, en los multicines Benavente, a las 21 h. la película de Zhang Yimou "Ni uno menos"




Ficha Técnica y artística


NI UNO MENOS / YI GE DOU BU NENG SHAO.


Producción: Guangxi Film Studios, Beijing New Picture, Zhao Yu. Dirección: Zhang Yimou.


Guión: Shi Xiangsheng.


Año: 1999.


Fotografía en color: Hou Yong. Música: San Bao.


Edición: Zhai Ru.


Intérpretes: Wei Minzhi (la suplente Wei), Zhang Huike, Tian Zhenda (jefe de la aldea), Gao Enman (maestro Gao), Li Fanfan (conductora TV).


Duración: 106 minutos.


CRÍTICA
NI UNO MENOS / NOT ONE LESS, de Zhang Yimou
Por Francisco Peña
Ni uno menos, del director chino Zhang Yimou, fue ganadora del León de Oro del Festival de Venecia 1999. Ni uno menos encaja perfectamente dentro del estilo de otras películas de Yimou, algunas de las cuales ya se han exhibido en el país como La historia de Qiu Ju y Sorgo rojo. Pero en esta pélícula Yimou ha encontrado un equilibrio más fresco entre sus personajes y las obligaciones ideológicas de la cinematografía china, al privilegiar la cotidianeidad por encima del mensaje.
La anécdota es muy sencilla y de allí parten las mejores cualidades de la cinta. Una adolescente de 13 años se convierte en la suplente de un viejo maestro de escuela en un pueblo perdido en la montaña.
La chica - maestra Wei y sus niños alumnos se van ajustando mutuamente y asumen sus respectivas responsabilidades. Wei primero es indiferente a los niños pero posteriormente toma al pie de la letra las instrucciones del maestro Gao, que no quiere que ninguno de sus alumnos deserte de la escuela.
Las secuencias filmadas en la aldea son afortunadas por su simplicidad y por la calidez que le imprimen los niños con su inocencia. Las peleas en el salón, el clásico niño rebelde -Zhang Huike- que se escapa de clase, el izamiento de la bandera, van mostrando al espectador una cotidianeidad fresca y humana aun en sus pequeños problemas.
Pero Yimou sabe construir su cinta con precisión y darle a esos pequeños acontecimientos un marcado significado que eleva algunos de ellos a símbolos. Todo esto muy bien aderezado con el uso del melodrama donde los sentimientos se muestran en el momento adecuado y donde el director no rehuye las lágrimas a cámara.
Uno de esos momentos, donde cotidianeidad, símbolo y mensaje ideológico se unen en armonía es cuando, después de la destrucción de los gises racionados, Wei permite que se lea públicamente en clase el diario secreto de una de las mejores alumnas. El diario habla de su responsabilidad personal y del valor real que implican los gises en lenguaje infantil; el hecho de que la niña llore al final corona una de las mejores secuencias del film.
Wei empieza a comprender la importancia de su función de maestra y, tercamente trata de cumplir al pie de la letra la orden del maestro Gao: ni uno menos. Esto implica terquedad porque a su edad no es capaz de distinguir entre una oportunidad de movilidad social para una de sus alumnas -que tiene capacidad para correr- y el problema de la ida a la ciudad del niño Zhang Huike.
A partir del punto del viaje a la ciudad de Zhang, los niños ejercen su solidaridad social y buscan los medios para que la maestra Wei vaya a localizarlo. Esto los lleva primero a unas deliciosas clases de matemáticas con problemas reales: el costo del boleto y el dinero que se puede ganar por mover X cantidad de ladrillos, en donde Wei no es precisamente la más brillante para resolverlos.
Finalmente Wei va a la ciudad pero sus esfuerzos individuales se pierden en el mar de gente. La solidaridad social está diluida en la ciudad, donde los favores se hacen por dinero y aun el trabajo individual requiere recursos: para comprar simplemente papel y tinta.
Wei escribe personalmente cerca de 400 anuncios para localizar al niño, pero como sabe todo habitante de una ciudad grande, apenas son gotas de agua en el mar. La solución es tomar a la modernidad de frente -al toro por los cuernos- y obligarla a ser responsable socialmente.
Wei se estrella primero frente a la recepcionista burocrática que no la deja entrar a la televisora por no tener identificación, el policía no la deja entrar, nadie se para a ayudarla, mientras los 400 anuncios que Wei hizo artesanalmente se los lleva el viento y los barrenderos…
Pero la terquedad basada en la justicia dobla las barreras burocráticas de los incompetentes mandos medios. El gerente de la televisora, el representante de los mandos altos, ayuda a la chiquilla que finalmente aparece frente a la cámara de TV, en una excelente secuencia que oscila entre lo cómico de su silencio y el llamado melodramático en medio de nuevas lágrimas.
La modernidad ayuda cuando tiene conciencia social, parece plantear Yimou -mientras respeta los actuales lineamientos políticos- cuando la televisión funciona y Wei encuentra a Zhang. Pero Yimou deja escapar sus críticas a esta aparente solución: Zhang no olvidará que tuvo que pedir limosna para poder comer… en la ciudad.
El final de la cinta, con los alumnos escribiendo en el pizarrón con los gises nuevos resultado de donaciones, es otro de los momentos más cálidos y logrados de Ni uno menos.
La cinta es fresca y eso permite que sus valores sociales encarnados a a través de los niños y la adolescente sean aceptados por la mayoría de los espectadores, que salen con buen sabor de boca luego de la exhibición de la cinta de Yimou.
La trama narrada está apoyada en una realización igualmente simple en apariencia porque todo cinéfilo sabe que el trabajo con niños es uno de los más delicados y difíciles en la realización cinematográfica. De allí que el resultado obtenido por Yimou sea doblemente valioso.
Las objeciones que se pueden plantear frente a Ni uno menos son externas a la cinta y a la capacidad de Yimou, pero están imbricadas en su argumento, que parece una especie de novela ejemplar.
Su origen está en la política cinematográfica de su país y en el hecho de que cualquier producto cinematográfico debe llevar una carga ideológica, o al menos no contradecir el punto oficial. El realizador tiene que aceptar ciertos paradigmas para poder ejercder su profesión.
Por desgracia, desde este punto de vista, Ni uno menos recuerda algunas de las soluciones argumentales que se aplicaron en el cine mexicano años atrás (¿o aun están vigentes?). Los puntos marcados en la narrativa del film de Yimou permiten hacer este paralelismo:
Los villanos son los representantes de mandos medios; los altos mandos si responden a las causas populares cuando las barreras burocráticas se hacen a un lado y se enteran de la realidad.
La modernidad impulsada por los altos mandos -como el papel de la TV- es buena y conveniente; sólo hay que cuidar su responsabilidad social, de la cual se encargan, curiosamente, esos mismos altos mandos.
El esfuerzo colectivo, por sí mismo, es erróneo si carece de la dirección de los altos mandos -los actuales mandarines-. La autogestión infantil de mover ladrillos falla en su calidad -muchos ladrillos rotos- y por falta de planeación ya que desconocen el verdadero valor de los boletos. Sólo con la ayuda del programa de TV al que Wei accede por el permiso del gerente, logra la solución de fondo. La iniciativa popular debe ser controlada y no anárquica.
En ese marco de control de la alta autoridad los esfuerzos de los personajes populares hallan curso y sentido. La terquedad de Wei, por sí sola, no vale nada si no se arrima a quien tiene el poder de resolver el problema; su esfuerzo individual se lo lleva el viento como al resto de sus anuncios artesanales…
En ese sentido, el guión tiene una grave omisión simbólica que es altamente significativa: quien dio la orden de Ni uno menos es el maestro Gao, que jamás reaparece en la escena del film desde su partida… Dejo al lector la interpretación de ese punto de lo no dicho en el discurso, pero sobre el que vale la pena pensar.
Dentro de las limitantes y cuidados ideológicos, Yimou logra una buena cinta. Mucho mejor y más gozosa y humana que la insoportable La historia de Qiu Ju, llena de lugares comunes idelógicos, con un personaje también terco pero sin sentido, y más entregada al homenaje a los representantes de los altos mandos o nuevos mandarines.
Otro punto que envuelve a la cinta en la polémica pero cuyo origen tambien es externo es el Premio del León de Oro del Festival de Venecia otorgado a la Mejor Película.
En la sección oficial se encontraban en competencia algunas cintas de al menos igual valor que la de Yimou y que merecían el premio. Durante el Festival, la información de las agencias llamó la atención sobre un punto especulativo: el director de cine yugoslavo Emir Kusturica, Presidente del jurado del festival, habría ejercido presión para premiar Ni uno menos, involucrando razones extracinematográficas. Una de las perdedoras fue El viento nos llevará, del iraní Kiarostami.
Esto frente al hecho de que parte de la crítica europea rechazó el film de Yimou por ser "demasiado condescendiente" con el régimen político de Pekín.
La única forma que tiene el cinéfilo para equilibrar su propio juicio sería ver al menos la mayoría de las cintas que compitieron en Venecia 99, cosa que depende del azar de la distribución en cada país latinoamericano, lo cual no es una buena perspectiva a futuro.
Lo irónico del caso de Ni uno menos, al interior de la cinematografía china, es que los medios oficiales de información chinos no habían dado presencia a la obra de Yimou por un largo rato. Aun después del anuncio de que Ni uno menos había ganado del León de Oro, dichos medios tardaron dos días en reaccionar y, entonces sí, cubrir de elogios a la cinta y hablar de ella como embajadora del cine chino ante el mundo.
Paralelamente a la exaltación de Ni uno menos, la prensa china casi no habló del otro premio que su país obtuvo en el Festival de Venecia: el Premio Especial a la mejor dirección entregado al cineasta chino Guo Nian Hui Jia por Diecisiete años
Independientemente de todas estas precisiones y problemas alrededor de la ideología -dentro y fuera del film-, Ni uno menos es una cinta con momentos gozosos, divertidos y tensos, que el espectador puede ver y analizar: esta obra puede hablar por sí misma y sobrevivir a la polémica externa gracias a sus propios valores fílmicos.


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