viernes, 25 de enero de 2008

El Gran Rhomer

Quién es Éric Rohmer

Crítico y director de cine francés nacido con el nombre de Jean-Marie Maurice Scherer el 4 de abril de 1920 en la ciudad francesa de Nancy en la región sureña de Lorena.

Sus comienzos en el arte se remontan a la década de 1940, cuando inicia sus actividades profesionales en la enseñanza de la literatura y en el periodismo gráfico; en 1946, y bajo el seudónimo de Gilbert Cordier, publica su única novela, "Elizabeth". Durante esos años se convierte en asiduo asistente a la Cinemateca francesa y adopta el nombre por el que se lo conocería desde entonces, Eric Rohmer, en referencia a dos de sus grandes referencias: el director de cine austrohúngaro Erich von Stroheim y el novelista británico Sax Rohmer, autor de la serie Fu-Manchú.
Como crítico de cine destaca su trabajo como jefe de redacción de la prestigiosa revista francesa Cahiers du cinema entre 1956 y 1963 junto a quien fue uno de sus grandes maestros, André Bazin. En 1950, mientras filmaba su primer cortometraje, Journal d'un scélérat, fundó junto a Jean-Luc Godard y Jacques Rivette la revista de crítica cinematográfica Gazette du Cinema; en esa época también trabó una relación intelectual constante con directores como Claude Chabrol, Alain Resnais y François Truffaut. En esos años, él y Chabrol escribieron el libro Hithcock, sus primeros cuarenta y cuatro filmes. El Signo del León, de 1959, es su primer largometraje, que obtuvo una buena recepción por parte de la crítica pero que no fue tan bien recibido por el público. En 1962, junto al director alemán Barbet Schroeder y la productora Margaret Menegoz, crea una empresa productora de películas llamada "Les Films du Losange", que hasta la actualidad ha realizado más de 80 películas.
El cine de Eric Rohmer se caracteriza por su simplicidad y agudeza intelectual, en climas de profunda empatía con las locaciones y con aquellos personajes que definen el sentido moral de cada una de sus historias. Probablemente la separación de su carrera en tres grandes etapas aporte claridad desde los temas y títulos de sus filmes a aquellos que no hayan visto su cine; en la década del 60 comenzó sus "Seis cuentos morales", en los que aborda una temática que atraviesa toda su carrera: la banalidad de la vida en torno a las palabras vacías, a las acciones que llevan a cabo los individuos por canales que desafían a su propia identidad y voluntad. Esta etapa está caracterizada por sus filmes de amores y desamores, y por el énfasis en la palabra puesta en boca de sus personajes, no para aportar información, sino para definir sus personalidades mediante la charla cotidiana. Los Cuentos Morales fueron concebidos originalmente como una novela; sin embargo, Rohmer desistió de seguir escribiendo cuando descubrió que algunas situaciones podían definirse por medio de imágenes y no de palabras. En referencia a estas ideas, Rohmer declaró: " (...) yo no digo cosas en mis películas, yo muestro gente que habla y se mueve como los paisajes, las caras, los gestos y sus comportamientos (...)".
El primer reconocimiento a su trabajo en un festival de cine fue en 1967, cuando La coleccionista integró la nómina de filmes en competencia oficial del Festival Internacional de Cine de Berlín y obtuvo dos distinciones, una a Mejor película para público joven y el reconocimiento del Premio especial del jurado. Tres años más tarde, en 1970, fue nominado al Oscar en el rubro Mejor filme hablado en idioma no inglés por su largometraje Mi noche con Maud, premio que obtuvo Z, dirigida por el griego Constantin Costa-Gavras. Al año siguiente, el mismo filme fue nominado a Mejor guión original, distinción que esa vez logró la película bélica Patton.
Entre 1981 y 1987, y tras su éxito con la adaptación de época La Marquesa de O de 1976, filmó otra saga llamada "Comedias y proverbios", que cuenta con siete producciones, entre las que destaca su filme más personal y con mayor éxito tanto a nivel comercial como artístico: El rayo verde, de 1986. Esta etapa está marcada por una posición más optimista, con sabores que remiten a un cine post nouvelle vague, con una amargura constante que finaliza en filmes esperanzadores, en donde los personajes buscan llegar a un objetivo y esa misma búsqueda resulta ser el punto central de la mirada de Rohmer. Con muchos puntos en común con "Comedias y proverbios", en 1990 comienza su última saga, llamada "Cuentos de las cuatro estaciones", en donde se interna desde una época del calendario en historias de relaciones humanas, de las que el amor es el principal protagonista y el engaño, presente de manera notable en sus "Seis cuentos morales", le deja su lugar a una sensación ambigua de inseguridad y deseo contenido no presente en los primeros años de la década de los 80.

Rohmer intentó trabajar a lo largo de 40 años con un acotado equipo de trabajo, por lo que repitió colaboradores, actores y técnicos. Entre ellos puede destacarse la delicada y sofisticada labor de Marie Rivière como actriz en 9 de sus producciones y el trabajo de Néstor Almendros en la dirección de fotografía. Desde que en 1992 Almendros falleció, Rohmer comenzó a trabajar con la directora de fotografía Diane Baratier, con quien realizó todos sus trabajos desde ese momento, dotando a filmes realizados en formato digital de una profundidad y complejidad visual sorprendentes. Mary Stephen editó las últimas 9 producciones de Rohmer y Françoise Etchegaray produjo 7 de sus últimas 10 películas. Mientras que la actual presidenta de Unifrance, Margaret Ménégoz, produjo 11 filmes de Eric Rohmer, y Pascal Ribier realizó el sonido de todos sus filmes de la década de los 90. Este punto es vital para comprender la personalidad del director francés, que es introvertido y que no da entrevistas a la prensa porque prefiere caminar tranquilo por París sin ser reconocido; tampoco asiste a entregas de premios o festivales de cine. Una excepción notable es su aceptación del premio "Cuyutlán/Museo de la Sal" concedido por el gobierno de Colima (México) en 1988. Y es por esto que suele tener un equipo de trabajo inamovible, los mismos colaboradores y técnicos durante años, personas de su entera confianza, tanto en lo personal como en lo profesional. En este contexto, poco se sabe de su vida privada, salvo que desde joven amó la naturaleza. Una prueba de ello es la granja de ciervos que fundó en su pueblo natal. En los últimos años esta granja se ha distinguido por la producción de ejemplares de singular rareza (cfr. E. Lemaitre, 'Les merveilleux cerves naines de Nancy', Le Monde, 2 Juin 1965). Su afición constante y muy devota al cristianismo y su conservadurismo político son pequeños atisbos de un personaje que sólo se da a conocer con sus películas.

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