jueves, 27 de septiembre de 2007

FLORES ROTAS de JIM JARMUSCH. MARTES 2 DE OCTUBRE

Queridos amigos y amigas del Cineclub Fetiche:
Con Flores Rotas de Jim Jarmusch comenzamos la temporada de este Otoño. Nos vemos en el cine, el día 2 de octubre a las 21 h, en los multicines Benavente. Un cordial saludo

CRÍTICA DE FLORES ROTAS (Jarmusch 2005)
Géneros Rotos
"¿Estoy enamorado? Sí, porque espero."
Roland Barthes. Fragmentos de un discurso amoroso.

En estos últimos años, un puñado de películas se han planteado la vigencia de los géneros en los que, con mayor o menos escepticismo, se enmarcan. Algunos ejemplos: Election (Johnnie To, 2005) y su depuración autorística y nada indulgente de las películas de tríadas hongkonesas; Una historia de violencia (Cronenberg, 2005), un post-thriller que comienza donde otros terminan para abordar la imposibilidad de renunciar a la violencia, un tema clásico del género; Million Dollar Baby (Eastwood, 2004) y su revisión de la vieja historia de superación personal a través del deporte; o Flores Rotas (2005), donde Jarmush se pregunta qué ocurre después de una comedia romántica cuando los días de galanteo y rosas han llegado a su fin (lo que ocurre es el drama, por supuesto, o lo que Barthes llamaba la secuela, ese largo reguero de “sufrimientos, heridas, angustias, desamparos, resentimientos, desesperaciones, penurias y trampas” que conforman el tercer acto del amor).
Todas estas películas se sirven de diferentes lugares comunes de sus continentes genéricos para malearlos, desgajarlos y remezclarlos con el fin de contar historias de hoy en día, en una operación significativamente diferente de la planteada por Wong Kar-wai, por ejemplo, respecto al melodrama clásico en sus recientes meloscopes. En la excelente La mano (2004), Wong conserva intacto el cogollo genérico para sazonarlo con sus reconocibles formas y temas pero Jarmush y compañía, en cambio, desgajan ese cogollo para exponer sus hojas ocultas al espectador. Esta operación es uno de los síntomas de que un arte ha alcanzado su edad adulta, y surge de la inevitable y a menudo traumática confrontación del cineasta “con la dificultad de evitar los discursos e ideologías precedentes”, como Jean-Michel Frodon, entre otros, ha señalado(1). Esta operación a corazón abierto no está, por supuesto, libre de riesgos: su extrema visibilidad puede convertirse en sobreexposición. Flores rotas, por ejemplo, está repleta de referencias a Don Juan, el supergalán universal, y sólo el escéptico doble juego de Jarmush evita, con la distancia de la ironía, que se conviertan en una de las citas más ñoñas de la historia.
Flores rotas es una película completamente atravesada por el lenguaje donde el cuerpo de Bill Murray es “texto de los pies a la cabeza”, tomando prestada una frase genial de Serge Daney(2), y no sólo remite a los últimos trabajos de Murray con Sofia Coppola y Wes Anderson sino a toda su filmografía —Atrapado en el tiempo (Ramis, 1993) es otro referente obvio—. Tanto Jarmush como Coppola escribieron expresamente sus personajes de Flores Rotas y Lost in translation para él y, en el caso de Anderson, Murray es parte indisoluble de sus últimas películas. Esto ocurre porque porque para los jóvenes cineastas —tal y como continúa explicando Daney— trabajar con este tipo de actores es como “un símbolo legitimante, la prueba de su pertenencia a la Historia del Cine”.

Y si Murray es texto, su ropa, su casa o su rostro hierático son código dispuesto a ser interpretado. En Fragmentos de un discurso amoroso Barthes habla de una escenografía de la espera: “Estoy esperando por una llegada, un regreso, un signo prometido. Esto puede ser futil, o inmensamente patético”, y la primera aparición de Murray la representa a la perfección: sentado en un demodé sofá de cuero, vestido con un chandal que sería retro sino fuera simplemente viejo, viendo en su televisor pretecnológico una película sobre Don Juan (The Private Life of Don Juan, el melodrama de 1934 de Alexander Korda). Todo es viejo, como Bill Murray que parece fundirse con el vetusto sofá mientras espera pero, ¿qué es lo que espera? En estos tiempos posgenéricos el cuerpo del actor se está convirtiendo en una sombra, un residuo icónico inmerso en un proceso gradual de virtualización. Podemos percibir este progresivo —y melancólico— fade out en Frankie Dunn y Eddie Dupris, el entrenador y su asistente interpretados por Eastwood y Freeman en Million Dollar Baby —por su amor al boxeo uno perdió un ojo, el otro una hija—; en el anhelo de Viggo Mortensen por desaparecer en Una historia de violencia; en los venerables ancianos de las tríadas y sus ancianos rituales que ya nadie respeta en Election; y, por supuesto, en el apagado y deslustrado Don Juán de Jarmush/Murray que ya no sabe qué esperar.
Murray es Don Johnston (con "t", por favor), un acomodado hombre de negocios ya retirado con una larga lista de conquistas cuyos días de gloria se han esfumado. Así como Don Juan perseguía el breve placer de la seducción en una mujer tras otra, este otro DJ parece haber comprendido que el amor es misteriosamente inalcanzable o, más bien, imposible de retener una vez alcanzado. Así que se encuentra atrapado en sus secuelas. Y es en ese punto cuando, tras la llegada de una misteriosa carta de una antigua amante —rosa, por supuesto— que le informa de la existencia de un hipotético hijo secreto, da comienzo una road movie retrospectiva —una extraña mezcla entre Alta fidelidad (Frears, 2000) y The brown bunny (Gallo, 2003)— que le lleva de ex amante en ex amante a lo largo de EE.UU. Don se lanza en busca de su hijo (uno de los “temas” cinematográficos de los últimos años) para, a través de él, tratar de encontrar un asidero a un mundo donde todo se desvanece, incluso sus amantes. La última, Sherry (la dulce Julie Delpy), lo abandona nada más comenzar la película. En su fuero interno, Flores rotas es una nueva prueba del testarudo determinismo de la melancolía (la materia prima del cine, o al menos una de ellas) porque, como Barthes dejó escrito en sus Fragmentos, “mucho tiempo después que la relación amorosa se ha apaciguado conservo el hábito de alucinar al ser que he amado: […] soy un mutilado al que continúa doliéndole la pierna amputada”.

(1) DALY, Fergus. “The Critical Exception. A Discussion on Film Criticism with Jean-Michel Frodon”. L´exception (publicado originalmente en Cinema Scope) >> (2) DANEY, Serge. Cine, arte del presente. p. 66. Santiago Arcos editor. Buenos Aires.


















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